Perderse en la Cultura de tu Esposo

CoverAlex

LetraUna de las preguntas mas comunes que me hacen es como he logrado ganarme el corazón de mi familia India, a lo que respondo, “Las nueras extranjeras o bahus tienen que conocer a fondo la cultura de su esposo.  He dicho en repetidas veces que el aprendizaje de la cultura del esposo puede llegar a ser una de las formas mas elevadas de respeto y la mejor manera es que sea de forma natural o que nazca del corazón.  Aunque se me han abierto muchas puertas, me ha costado un alto precio…

Después de casi una década de relación intercultural, ahora que lo pienso, si he de decirme a mi misma una sola cosa cuando recién comenzaba mi relación sería: “No te consumas tanto en la cultura de tu marido y en el transcurso pierdas tu propia identidad.”

Hay una línea muy delgada entre honrar la cultura de tu esposo y llegar a abrumarte completamente.  Se trata de conocer la cultura de tu esposo no solo por ti, pero también por tus hijos.  Quieres ser sensible al hecho de que tu esposo posiblemente vive a miles de kilómetros lejos de su familia y su país natal.  Quieres demostrarle a tu esposo que te interesa de donde viene como una de las maneras de respetar su persona.  Y entonces… poco a poco, pronto te encuentras celebrando únicamente días festivos indios y cocinando solamente comida india.  Posiblemente te transformas y te conviertes en una india de tal manera que pierdes tu identidad y se te olvida de donde vienes.

Creo que las mujeres somos mas propensas a perder nuestra identidad en la cultura del esposo porque culturalmente, por todo el mundo, nos enseñan a ajustarnos, a adaptarnos y ser flexibles.  A los hombres los crían para ser seguros de si mismos e inflexibles, mientras que las mujeres somos criadas para ser complacientes y satisfacer las necesidades de otros antes de los de una.  A las mujeres se nos enseña que debemos atender primero al esposo.  En un experimento social en Facebook, hice dos publicaciones: una para anunciar mi primer articulo publicado en una revista; el otro porque le había hecho un almuerzo tradicional indio en cajita de tiffin a mi esposo.  ¿Puedes adivinar cual de las dos publicaciones obtuvo mas atención?  ¡El almuerzo por supuesto!

Si eres una chica que está en una relación intercultural, es muy difícil olvidarse que la familia de tu esposo no te habría elegido como la esposa ideal para su hijo.  Especialmente si desde un principio expresaban su disgusto cuando se enteraron de la relación.  Eso llega a producir una inseguridad y vacío dentro de ti misma.  Sabes que tu esposo te ama por lo que eres, ¡pero su familia es otro cuento!  Puedes llegar a sentirte innatamente menos o nula, y de todas las maneras posibles intentas adaptar la cultura de tu esposo como una forma de comprobarles que eres valiosa como cualquier esposa india lo puede ser.  Por supuesto que es un concepto ridículo – pero ¿A cuantas esposas extranjeras les han dicho sus familias indias que por el simple hecho de haber nacido en el occidente quiere decir que no saben cocinar, comprometerse a una relación o criar hijos?  A casi todas nos lo han dicho…

Alexandra Madhavan en el dia de su boda

Alexandra Madhavan en el dia de su boda

Cuando conocí a mi esposo, yo era bien sociable, divertida y sin obligaciones.  Bailaba con mis amigos, me ponía vestidos cortos o escotados, no porque quería atención pero porque era mi estilo y me sentía libre sin que nadie en el mundo me molestara.  Algunas veces bebía para divertirme; había por lo menos una docena de hombres detrás de mi.  Acababa de cumplir veinte años.  Esa era yo – la persona de la cual el se enamoró.  En esa época, mi esposo me dijo, “Me encanta como eres: libre y de mente abierta,” sin saber que eran las virtudes que el anhelaba para el mismo después de haber llegado de India y reprimir su deseo de artista, su persona, su valor como hombre y su personalidad tan única.

En mi primer viaje a India, llegué a sentir que toda mi existencia le parecía mal a la familia de mi esposo.  Yo era demasiado abierta y expresiva: decía lo que pensaba.  Me maquillaba demasiado.  No era sencilla y de parecer hogareño.  No era vegetariana.  Estaban horrorizados cuando se enteraron que mis padres hippies no se habían casado hasta que cumplí siete años.  Leía novelas de vampiros que tenían sexo unos con otros (¡gracias Lestat!).  Veía cine que presentaba historias que se consideran gay.  Claramente, estaba teniendo relaciones sexuales con su único preciado hijo, y definitivamente no me disculpaba.  Abrazaba a las personas.  Decía palabras soeces.  Saludaba a los hombres con la mano y los veía directamente a los ojos.  Me cambié de ropa delante de mi futura suegra y de mi futura cuñada permitiendo que mis senos quedaran descubiertos y al aire libre.  No sabía que una debía esconderse, aunque sea del mismo género.  No entendía porque la modestia era un atributo positivo para una mujer.  Que una debía ahogar sus emociones y ser considerada no amenazante.  Y mi esposo estaba firme en casarse conmigo – esta mujer tentadora de pensamiento libre – ¿quien sabe si en realidad creía en la version india del compromiso?

La realidad es que a pesar de que era una mujer libre y sin preocupaciones y obligaciones, estaba buscando un hombre con quien casarme que también quisiera ser libre.  Estaba buscando un compañero amoroso que no intentara controlarme, y lo encontré en mi esposo.

Después de haber estado en India por varios meses, rodeada de brahmanes (gente religiosa), tamiliana (de Tamil Nadu), conservadora y casta, estaba convencida que algo malo había en mi.  ¿En realidad es malo sentirse libre?  ¿Es malo que una mujer sea libre?  ¿Como mujer, es malo tener una personalidad despreocupada y abierta y que automáticamente signifique que no soy apta para el matrimonio?  ¿Da la impresión que soy promiscua y poco seria?

Los años siguientes para llegar al matrimonio fueron muy duros.  Vivimos en unión libre como cualquier pareja casada por cinco años, pero no estábamos casados.  Lo que significa que nuestra relación no era válida, que yo era simplemente una Amiga – no tenía estatus indio.  Todos los parientes se enteraron y le dijeron a mi esposo que no podían creer que era capaz de hacer semejante cosa – como si en realidad no estábamos comprometidos y no teníamos la intención de casarnos.  Como si yo había forzado a mi esposo a cometer actos inmorales.  Era como si nuestro compromiso no existía y no era serio en comparación a las parejas casadas.  Mis suegros fueron socialmente rechazados y la gente les hablaba con una actitud condescendiente, con amabilidad burlona, como si mis suegros no habían criado adecuadamente a sus hijos.  Como si mi presencia en esta familia brahmin, tan pura, no contaminada era un secreto sucio que la gente esperaba que desapareciera antes de que tuvieran que reconocerlo.  Ese secreto era yo.  Hasta recientemente, la familia mas lejana preguntan sobre mi, “¿quien es ella para ti?… ¿la conoces?… como si la pura posibilidad de mi presencia en esta familia es cuestionable y pasajero.

En aquel entonces, sentía que sería mas fácil se de alguna manera me relacionaba mas a su cultura y me identificaba mas con ellos para convertirme en “lo correcto” y ser mas india en lugar de ser “lo equivocado” por ser occidental – sentí que con esos gestos podía ganarme se corazón.  Cinco años es mucho tiempo para sentarse a esperar a que la acepten a uno – así que tomé la iniciativa al respecto y mejoré mi “curriculum vitae nupcial”.  Me convertí en vegetariana.  Tomé clases de cocina india vegetariana.  Aprendí como atar un sari completamente sola.  Estudié hindi en la universidad.  Leí únicamente libros de autores indios.  Hice toda una serie de pinturas sobre la India en miniatura.  Practiqué el hinduísmo.  Leí el texto religioso Bhagavad Gita.  Todo era para demostrarles que si podía ajustarme, respetar su cultura, y que sería mejor que una nuera india jamás podría ser.  Esencialmente haciendóles saber que su sueño de conseguir una nuera tradicional de molde, de la casta de brahmanes Iyengar, de los anuncios matrimoniales Bharat Matrimony, era superficial.

De cierta manera algunos ajustes los sentí naturales, mientras otros los sentí obligados o forzados.  La vestimenta india me sentó muy bien, y me encanta la comodidad y practicalidad de la moda, aunque cada vez que me pongo un salwar kameez (tunica india), no entiendo la necesidad de la dupatta, o sea el chal o rebozo que lo acompaña y simplemente no me lo pongo.  También me encanta la comida india, aunque la dieta vegetariana no me ha sentado muy bien y me ha causado anemia posparto.  Tampoco me gusta comer arroz dos veces al día a como lo hace mi esposo.  Algunas otras cosas, como el aprender hindi fueron mas difíciles.  Me parecía frívolo aprender hindi cuando toda la familia de mi marido hablaba ingles con fluidez (aunque de que se acordaran hablarlo en mi presencia… esa ya es otra historia).  Era absurdo volverme loca intentando celebrar un día de festivo indio (religioso) cuando ni a mi esposo le interesaba celebrarlo.  Todo era para demostrarles a mis suegros que podía ajustarme.  Sentía que mi persona no-india era una discapacidad y que tenía que mejorar mi inaptitud de otras maneras.

Mi esposo estaba muy feliz que estaba aprendiendo a cocinar comida india (por supuesto), pero del resto me veía y decía, “sabes, no TIENES porque hacer todo esto…”, la verdad es que era mas fácil para él decirlo porque mis padres lo aceptaron desde un principio tal y como es sin condiciones.  El no entendía mi lucha al convertirme en una esposa extranjera, no entendía la presión de ser aceptada en una familia india.  Hubo presiones que me impusieron que ni siquiera podía vocalizar.  En serio, ¿Cuando fue la última vez que le dijeron a él que después del matrimonio tenía que despertarse a las cinco de la mañana y cocinar para todos?  ¿O que tenía que hacer el ritual religioso de la pooja en un sari todas las mañanas?  ¡Y yo, sin saber como ni que cocinar o como realizar una pooja, mucho menos ponerme un sari!!  ¡Que por cierto, nada de esto tiene que ver con nuestro amor!

Alexandra y la pequeña Maya

Alexandra y la pequeña Maya

Me deleité en el hecho de que mis suegros se jactaban de mis esfuerzos, diciendo: “¿Ves?  Alexandra es extranjera pero hace todas las cosas indias”.  Mi suegra era la que llevaba la cuenta de todo lo indio que podía hacer.  Ella estaba siempre lista para presumirle a todos los pesimistas que la rodeaban.  Era como una manera de disculpar el hecho de que soy extranjera.  Se compadecía de otras suegras con nueras extranjeras que no hacían todas estas cosas indias.  Los mayores le decían que era muy suertuda por tener una nuera extranjera que hacía todo de la manera india, como si fuera la única manera correcta.  Estaba reemplazando mi extranjerismo inaceptable e incorrecto por una persona que era socialmente mas correcta, aceptable y mas india, que parecía como si fuera una pastilla fácil de tragar.  Una vez escuché sin querer, “Si tenemos que tener a una extranjera en nuestra familia, es mejor que sea mas india como ella.”  Como si ser india de alguna manera aumentaría mi valor como persona.

Entonces, un día me desperté y me di cuenta que estaba haciendo todo de la manera India…  Me había perdido por completo.  En realidad, ese día no llegó hasta que nació mi hija.  Cuando nació Maya, se parecía por completo a mi.  Se parecía a mi padre y a mi madre; a mi abuelo y a mi abuela.  Me acordé de mi niñez y de donde vengo.  Me acuerdo haber jugado en el jardín de mi abuela con dos trenzas largas corriendo detrás de mi.  Me acordé haber ido a la iglesia con ella muchas veces y de haber cantado himnos de la biblia.  Me acordé de los veranos jugando en el agua todo el día y salir del agua con los dedos arrugados como pasas de uva.  Me acordé el aroma de carnes rostizadas para las cenas navideñas.  Me acordé de mi abuelo, que me enseño a patinar sobre el hielo y de cuando jugábamos al hockey con mis primos.  Me acordé haber visto a mis padres darse besos – seguido.  Recuerdo haber caminado a la tienda de discos con mis amistades en cortos y ser la primera en la fila para comprar el disco compacto de las Spice Girls.  Recuerdo haber crecido con mujeres que gritaban de la risa, bailaban y bebían – todo mientras eran esposas maravillosas y madres gentiles.  Eran mujeres incuestionables – mujeres despreocupadas.

Y aquí me encontraba, después de haber pasado casi todos mis años veintes convirtiéndome en lo correcto según los estándares indios.  Tratando de bajar de tono de lo que yo era para que pudiera ser aceptada de lo que no era.  Era un intento en convertirme en la nuera de molde de la casta iyengar que siempre habían querido.  Después de que nació mi hija, me di cuenta cuanto de mi había perdido en mi relación.  Me di cuenta que mi propia cultura no era una desventaja invalida, pero algo que también era hermoso – en su propia manera.

Sin duda alguna, convertirme mas india me ha abierto muchas puertas que probablemente no se hubiesen abierto.  Y cuando la gente me dice que soy igual que una india, siempre lo tomo como un cumplido.  Pero ahora, en vez de hacer las cosas al estilo indio de forma automática para hacerme mas aceptable, hago las cosas a mi manera.  Me he propuesto a criar a mi hija a mi manera, de la manera que me enseñaron.  He reafirmado la noción que es posible celebrar mi cultura tanto como se celebra la cultura india.  Y desde entonces hemos logrado un hermoso equilibrio de ambas culturas en nuestra vida.

Ya no cocino comida india todas las noches.  Algunas veces cocino pasta o algunas otras recetas que me enseñó mi madre.  Después de que bajé el peso que aumenté durante mi embarazo, comencé a ponerme ropa que me hace verme atractiva e incluso delante de la familia de mi esposo.  Sólo me pongo el thaali (el collar de matrimonio en la cultura hindú) cuando de verdad lo siento y no es muy seguido.  Me río, digo chistes, bromeo y de vez en cuando digo palabras soeces porque simplemente eso es lo que soy.  Algunas veces la gente mayor siente vergüenza de tan abierta que soy.  Me lo han dicho en mas de una ocasión y que probablemente he dicho algo inapropiado.  En una ocasión, me comí una hamburguesa de carne de res y me tomé un vaso de cerveza Kingfisher delante de mi suegra.  A mi suegra la llamo por su primer nombre – Sandhya, lo que en realidad es una metida de pata o socialmente va en contra de las normas y reglas de etiqueta pero es la única manera que se siente natural para mi (por suerte, ¡ella no lo sostiene en mi contra!).  También decidí ser firme y exigí que exploremos otras partes del mundo en lugar  de solamente visitar India cada año.  Y estoy mas que bien con mi YO natural, que no es india, aunque a veces sea una persona complicada, inadecuada y con falta de modestia, porque ese verdadero YO es quien mi esposo ama. Soy valiosa, y lo mas importante es que puedo admirarme por lo que soy y también por la india que no soy.

Aprendi como preservar mi propia identidad sin dejar de apreciar la identidad y cultura de mi esposo.  Me tardé casi una década y aun estoy en el proceso por descubrir y aprender mas.

Traducido por: Leticia Alaniz

Del texto original de Alexandra Madhavan ©2015

Losing Yourself In Your Spouses Culture

Con Autorización y Derecho de Publicación

Ilustraciones:

Lorena Mena

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3 Comentarios para Perderse en la Cultura de tu Esposo

  1. SUNGSOOWONG 2 de julio de 2015 a las 4:12 pm #

    excelente articulo, estoy fascinada como estas realizando tu vida matrimonial y el equilibrio que le das, bendiciones y espero mas artículos para aprender y estar enterada como es la vida de una extranjera en un país super cultural como es la India.

  2. techy 10 de mayo de 2016 a las 10:10 pm #

    yo quiero preguntar ¿ por qué cuando le abrazo fuerte y lo presiono porque siento mucho, yo veo que el no hace lo mismo no me presiona?

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