La Casa del Rio
Estaba oscureciendo cuando bajamos del tren y nos dirigimos directamente al hospital, sin pausas ni tiempo para primeras impresiones. Según Rohit, su tio había ingerido licor adulterado, lo cual era una práctica común en el estado de Gujarat debido a la prohibición del consumo de bebidas alcohólicas en la región. El centro hospitalario era una vieja casa acondicionada para aliviar las miserias y dolencias del cuerpo humano y esa tarde memorable conocí al tio Vikas. Los rayos de sol se filtraban a través de un inmenso ventanal de madera y se reflejaban sobre la cama donde yacía su maltrecha humanidad entre sábanas blancas curtidas por los años. Rohit y sus padres se dirigieron a conversar con los galenos mientras yo aguardaba sentada en una antigua silla de metal al lado del enfermo.
Sus facciones eran un tanto diferentes a la de sus hermanos y tenía el cabello rizado. La respiración era irregular y sus párpados bailaban al compás de sus sueños. Entró un enfermero a hacer un chequeo del líquido que colgaba de una base metálica y al poco tiempo se retiró. Mi vista vagaba sin rumbo por la habitación cuando su tos interrumpió mis cavilaciones. Al voltear, una penetrante mirada detallaba minuciosamente mi fisonomía mirándonos fijamente por varios minutos sin articular una sola sílaba. Trató de incorporarse e instintivamente yo me levanté a detenerlo mientras arrugaba el ceño en un gesto de perplejidad. Miraba la habitación como si no supiese donde se encontraba.
—Tranquilo…está ud. en el hospital pero se pondrá mejor—dije en tono calmado.
—¿Eres…?
—Camila Dominguez
—¿La novia de Rohit…?
—Asi es…
El enfermero entró de nuevo transportando una bandeja con comida colocándola sobre sus piernas con soportes para facilitarle su alimentación. El se incorporó y con una gran habilidad devoró todo lo que se hallaba en los cuencos. Al terminar se recostó, cerró sus ojos y me dijo:
—¿Como ha sido tu dulce bienvenida?—noté un agudo sarcasmo en su tono de voz.
—Eh…!Todo muy bien gracias!
—No te preocupes, no tienes que fingir conmigo…
No supe que contestar. ¿Hablaba mal de su familia o solo jugaba conmigo? Al parecer adivinó mis pensamientos…
—Belleza e inocencia a veces son una combinación letal—dijo sonriendo. Su sonrisa lo hacía lucir al menos 10 años más joven.
—¿Perdon?—pregunté desconcertada
—Nada…solo pensaba en voz alta.
Se levantó y al retirar las sabanas dejó al descubierto un pantalón de botas anchas y una fresca camisa de algodón. Era un hombre muy atractivo y guardaba un gran parecido con Rohit. Se dirigió hacia el baño y cinco minutos después llegaron Rohit y sus padres.
—¿Donde esta mi tio?—preguntó Rohit. Yo encogí mis hombros y señalé la puerta del baño y al poco tiempo Vikas salió del baño elegantemente vestido, bañado y afeitado.
—¿Qué haces?—casi le gritó Rohit
—! Me siento perfectamente bien !…ya pasé la resaca…
—¿Resaca?…¡no fue una simple resaca…casi mueres envenenado!
—Querido sobrino…no te preocupes, debemos vivir cada minuto de la vida al máximo…—dijo pasándole el brazo por el hombro y saliendo ambos de la habitación. Nalini torció los ojos y tiró del brazo a Anil protestando como de costumbre.
Nos dirigimos a la casa del río el cual sería mi hogar los próximos años. Ankleshwar y Bharuch eran dos localidades hermanas separadas por el río Narmada, uno de los siete ríos sagrados de la India y el quinto en importancia. Las calles eran estrechas y me sorprendió ver gente durmiendo en las aceras sin siquiera un cartón para protegerse de la dureza del suelo. Llegamos a un punto donde tomamos un camino irregular sin asfalto en la vía. Poco después el camino se volvió más estrecho y los árboles formaban un túnel de vegetación. Al llegar a nuestro destino nos recibió una pareja joven. La dama estaba enfundada en un sari estampado y el hombre iba descalzo y llevaba una especie de tela enrrollada en sus extremidades que hacía las veces de pantalón y una camisa blanca. La oscuridad no me permitía distinguir los exteriores, pero al día siguiente me llevaría una grata sorpresa.
La casa de Nalini y Anil era de dos plantas. Era la última de una hilera de seis casas conocidas como bungalows las cuales formaban un complejo residencial privado. Las áreas eran espaciosas y la decoración era austera pero muy pulcra, totalmente diferente a los lujos que rodeaban la casa de Meera y Vijay en Delhi. La sombría iluminación dejaba al descubierto un suelo de cemento gris. Subimos las escaleras y Rohit me indicó cual sería mi habitación. Arrugué el ceño extrañada al ver un colchón la mitad de delgado a los que yo estaba acostumbrada. A un lado, una pequeña mesa con su gavetero sostenían una lámpara de aceite. El armario de madera o almira, como se le conocía en hindi, almacenaba en sus anaqueles sábanas perfectamente dobladas y almidonadas. Las patas de la cama y el armario descansaban sobre pequeñas latas con agua que a su vez estaban envueltas en pedazos de tela empapados en parafina como remedio para contrarrestar las destructoras hormigas que durante el verano, acababan con todo lo que se atravesaba a su paso. Una estructura metálica sobre la cama sostenía un fino mosquitero y en el centro del techo, había un ventilador blanco. El baño no era tan amplio como la habitación, y el área de la ducha no tenía cortinas o separadores para contener el agua. Desempaqué lo necesario, coloqué el busto de la Virgencita sobre la mesa tomé un baño y me sumergí entre las suaves sábanas de algodón.
La mañana siguiente descubrí maravillada la hermosa vista desde mi ventana. El imponente río Narmada parecía una obra de arte enmarcada en el amplio ventanal de madera. Me levanté muy temprano para ofrecer mi ayuda en la cocina. Recordaba las palabras de mi madre diciéndome que debíamos trabajar más, cuando estábamos de visita, que en nuestro propio hogar. Sin embargo, los asuntos culturales serían causa de una nueva situación incómoda…
—Buenos dias—le dije a Nalini quien se levantaba a diario a las cinco de la mañana para orar y luego comenzar sus quehaceres. La mujer morena que nos recibió el dia anterior se encontraba lavando trastos y me miraba de soslayo mientras Nalini atendía los guisos de la comida.
—¿Puedo ayudar en algo?—insistí
Nalini volteó mirándome de arriba a abajo y continuó sus labores. Cuando entré a la cocina gritó:
—¡No entres aquí…contaminas la cocina!
No supe como reaccionar. ¿Qué sucedia con esta mujer? ¿Cómo podía alguien albergar un rechazo constante ante otra persona que apenas conocía? Salí de la casa aturdida ante semejante insulto para encontrarme ante un espectáculo alucinante. El complejo residencial se encontraba en un risco frente al ancho río. La vista era realmente imponente. A lo lejos se veía el puente que dividía las ciudades de Bharuch y Ankleshwar normalmente atestado de tráfico. Caminé por los alrededores y recorrí el resto de los bungalows, todos eran del mismo diseño y estaban pintados de blanco. Los jardines se extendían como una verde alfombra de césped y en los bordes del risco, dos jardineros podaban geranios de todos los colores que realzaban la belleza del paisaje.
La casa de Nalini era la primera de izquierda a derecha y el bungalow que estaba al final de la hilera, lucía abandonado. Rohit me había contado que cada uno de sus tios al igual que su padre, eran dueños de dos propiedades, por ende, algunas casas estaban alquiladas. Del lado izquierdo de la casa de Nalini, se encontraba un hermoso templo Hindú en colores pasteles. La entrada a la propiedad era por la parte trasera del complejo pero en la parte frontal había una reja que separaba la unidad residencial de una inmensa plazoleta pública. Caminé hacia la plaza y me sorprendió descubrir mucha gente en el lugar a tan tempranas horas del día. El suelo era adoquinado y en el centro del área había un templo grande y uno más pequeño a un costado. Los bancos de cemento estaban esparcidos en los alrededores del sitio y mucha gente dormía sobre ellos. Caminé en dirección al río y unos amplios escalones conocidos como ghats en la India, permitían bajar a la orilla. Los pescadores echaban sus redes al mar y mi corazón se inundó de nostalgia al recordar mi infancia en la casa de mis abuelos. Bajé los ghats hacia la orilla del río y la gente me miraba extrañada. Arremangué mis pantalones de jean para caminar con libertad y mojar mis pies en el agua. Regresé una hora después de mi recorrido y Rohit me esperaba sentado en unas sillas blancas frente al jardín donde acostumbraban a tomar el té en las tardes al mejor estilo Británico.
—¿Donde estabas?—preguntó
—Apreciando la belleza de este increíble lugar…—dije mientras Rohit sonreía complacido.
—Gracias, a veces olvido la magia de este sitio.
Nakusa, la mujer morena que ayudaba en la cocina, llegó con una bandeja cargada de Aloo Paratha, una especie de tortillas hechas a base de papa acompañadas de masala chai o té condimentado al estilo Indio.
—¿Cómo te has sentido hasta ahora?—continuó Rohit
—Mmm…difícil de descifrar…—dije pensativa mientras saboreaba el té
—¿Algún problema con mi madre?
Dejé la pregunta en el aire por varios minutos y me concentré en desayunar.
—Estas molesta ¿cierto?
—No, no estoy molesta—dije disfrutando su expresión de asombro.
—Se que soy el culpable por no haber preparado a mi familia lo necesario y por no haber sido del todo sincero, pero era muy difícil explicarte sin que estuvieses acá y experimentaras en carne propia la cultura…
—¿La cultura o la aversión de tu madre hacia cualquier mujer que ella no haya escogido?—dije agriamente.
—Lo se, lo se, y me da mucha verguenza sus desplantes pero yo te amo profundamente y eso es lo importante…
—Si Rohit, es importante, pero también es importante pensar cómo será nuestro futuro. ¿Quién manda a quién?
—¿Porqué lo dices?
—¿Como por qué lo digo?…¿No es obvio?, ¿No ves a tu alrededor?…¡no se hace nada si tu madre no lo aprueba!. No he dicho nada por respeto ya que es una persona mayor, pero no se que pasará cuando mi paciencia llegue al límite…
—Camila, es mi madre…no puedo contradecirla, va en contra de mis principios.
—No pido que la contradigas, por Dios, sólo pido un poco de respeto. Esta mañana quise ser amable y me hizo sentir como una bacteria contaminante…¿cómo la presencia de un ser humano en una habitación puede contaminar?
—Ah eso…
—Si, eso y muchas cosas más que mi “mente Occidental” no procesa…¿qué más debo hacer? ¿Caminar al revés?…discúlpame, pero debo ser honesta contigo…soy una mujer independiente desde hace mucho tiempo y estas situaciones me preocupan, y peor aún que tú las aceptes como algo normal…
—Verás…ser Brahmin es algo que te hace diferente aqui en India…como te expliqué, en el Hinduísmo manejamos ciertos de conceptos de pureza e impureza que..
—Rohit—interrumpí—no continúes por favor, mientras más hablas sobre este tema, más absurdo me parece…respeto tu cultura pero, la discriminación de cualquier tipo, no la comparto. Tú viviste en Boston y sabes bien que los conceptos de superioridad e inferioridad se manejan erróneamente en el Occidente, desde una perspectiva financiera, entonces, sólo pido tolerancia hacia mis creencias las cuales son muy diferentes a las de ustedes. Si no nos respetamos desde ahora, esta relación no va a caminar y todo esfuerzo que hagamos será en vano. Discúlpame si soy tan sincera, pero he pasado por situaciones mucho más graves en mi vida que sentarme a pensar si tu familia me acepta por lo que soy o no. Si tu me amas como soy, entonces las personas que te rodean y realmente te aman deben aceptarlo. En mi cultura amar implica aceptar al otro tal cual es, sin importar sus defectos, virtudes, raza o color. Amar también comprende alegrarnos por que los que amamos sean felices.
Rohit escuchaba atentamente sin articular palabra.
—¿Cuales son nuestros planes futuros?—continué
—Casarnos proximamente—dijo Rohit sin vacilar
—Lo que no comprendo es, si aún no estás trabajando…¿de donde sacaremos dinero para la boda?
—Mi familia se ocupará de esas cosas, no hay que preocuparse…
—Rohit, no quisiera depender de tu familia y su dinero. Una boda implica muchos gastos. Tal vez lo mejor sea hacer una ceremonia íntima y sencilla sólo con los más allegados…¿Qué opinas?
—Humm…pues eso no será posible..la sencillez no es parte de la cultura. Una boda es el día más importante en la vida de un Hindú y debe celebrarse acorde a la importancia de la ocasión…
—Pero…
—No Camila—me interrumpió Rohit—eso no es negociable. Nuestra boda debe ser un gran evento.
No quise continuar, por un lado me sentía insegura por la gran decisión de continuar mi vida en una cultura tan arraigada a sus tradiciones, y por el otro lado me sentía halagada de tener un hombre que quisiera casarse conmigo y además celebrar la ocasión ¡por todo lo alto!
Al terminar de desayunar dimos un paseo por el complejo mientras Rohit me explicaba quienes vivían en cada casa.
—Mi tio Vijay y Meera vivieron unos años aquí hasta que los negocios prosperaron y se fueron a la gran ciudad. Mi padre se quedó cargo de las tiendas aqui en Gujarat.
—¿Y tu tio Vikas?—pregunté con gran curiosidad. Su semblante se ensombreció.
—La situación con mi tio ha sido un dolor de cabeza para toda la familia. Todo comenzó cuando se enamoró de Gauri quién era una bailarina de Rajasthan. Desde la era de los Mogoles durante la edad media, había una forma de baile llamada *mujra que era ejecutado por cortesanas que se les denominaban kanjaris. Con los años el mujra evolucionó, incorporando elementos del *kathak, el cual es uno de los 8 bailes tradicionales del país. Desde entonces, en nuestras mentes, las bailarinas se han relacionado con mujeres de bajo nivel social. Vikas es un artista nato, todo lo relacionado con el mundo artístico se le dá bien. La pintura y el arte en general son sus grandes pasiones. Por muchos años, mientras mi tio y mi padre trabajaban para sacar adelante el negocio familiar, Vikas se dedicó a una vida bohemia de placer y derroche y así la conoció. La persiguió por todo el país siguiendo sus presentaciones. Era una mujer muy bella y ambiciosa. Todos pensamos que ella fue su ruina…incluso desde su muerte, cayó en el vicio del alcohol y desde entonces, Vikas ha llevado una vida muy solitaria. No quiso casarse de nuevo a pesar de que mi familia le consiguió una buena candidata…
—¿Dónde murió Gauri y porqué?
—En su casa—dijo Rohit señalando el útimo bungalow de la derecha, el mismo que lucía abandonado—tomó veneno para ratas y Vikas la encontró tirada en el suelo de la cocina.
—¿Saben la causa del suicidio?
—No, la verdad poco sabíamos de su vida o problemas maritales. Solo puedo decirte que desde entonces Vikas no ha vuelto a sonreir como antes. Hoy en día vive con nosotros, tratando de alejarse de los dolorosos recuerdos. Se dedica a pintar sus obras y a emborracharse cuando le apetece.
—¿Alguien vive en la casa?
—No, desde su muerte, se clausuró. Todos los muebles y pertenencias están intactos. Una persona limpia la casa una vez a la semana, pero él no ha querido alquilar el inmueble por respeto a la memoria de su esposa. Algunas veces alucina afirmando que su espíritu aún vive y deambula por el lugar.
—¿Tu hermana también vive aqui?
—No, generalmente en la India, la mujer se va a vivir con la familia de su esposo
—¿Quienes son los vecinos?
—Algunos son conocidos de la familia, pero en general son gente profesional y trabajadora.
Terminamos nuestro corto recorrido y regresamos al bungalow. Esta vez pude apreciar con detalle la decoración. Las paredes del recibidor eran blancas y los muebles de tela con mullidos cojines en color beige. Un piano negro en una esquina destacaba entre la simplicidad del ambiente y Guna estaba sentada en el recibidor haciendo labores de tejido. Había muchos cuadros, alguno enmarcados y otros sin enmarcar, supuse que eran del artista. Me senté frente a Guna a hojear una revista y el tio Vikas entró repentinamente. Abrazó a su madre y pude ver la expresión de ternura que ésta le profesaba. La levantó en vilo como una niña y ella sonreía con deleite. Al percatarse de mi presencia sonrió.
—¿Ya mi sobrino te mostró los alrededores?
—Asi es, gracias.
Nalini entró en escena enfundada en una blusa de lino blanco y frescos pantalones de algodón.
—¡ Querida cuñada ! Supongo que estarás feliz ya que finalmente nuestro Rohit consiguió su alma gemela…
Nalini permanecía seria e impasible ante los irónicos comentarios de Vikas.
—¿Qué te parece la hermosa Camila? ¿No representa el sueño de cualquier suegra India? De tez clara, alta, esbelta, inteligente y profesional…¿qué más se le puede pedir a la vida?
En ese momento Rohit regresó del baño para unirse a la tertulia
—Claro que sí tio—dijo salvando a su madre—Camila es la mujer que cualquier hombre desearía…
Continuamos charlando frivolidades hasta que llegó Anil de los almacenes y pasamos a la mesa a comer. Pude notar muchas diferencias de etiqueta entre las costumbres de Vijay y Meera en Delhi y los habitantes de la casa del río. A pesar de las ironías y la actitud de rechazo de Nalini, el ambiente era más relajado. En las tardes, cuando bajaba el sol, era costumbre salir al jardín a tomar el té. Me retiré del grupo a sentarme bajo la sombra de un frondoso árbol a admirar la vista del río. El ángulo me permitía examinar con detalle la casa abandonada. A lo lejos alcancé a divisar la punta de un sari color rosa flotando en el aire y supuse que era la mujer que se dedicaba a la limpieza del lugar.
Continuará…
NOTA DEL AUTOR: A todos mis lectores muchísimas gracias por su apoyo e interés en este proyecto y a la vez mil disculpas por la tardanza en la entrega de este capítulo, prometo organizar mejor mi tiempo y publicar en el futuro más seguido!
GLOSARIO DE TERMINOS:
*Mujra: forma de baile que se originó por las cortesanas en la era de los Mogoles
*Khatak: Uno de los ocho bailes clásicos de la India proveniente del Norte del país. Su significado es contadores de historias.
Historia de Ficción original de:
Lorena Mena
Ilustraciónes:
Lorena Mena
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