Feeds:
Entradas
Comentarios

Archivar como 30 diciembre 2011

e estima que en India la población de creyentes en el catolicismo sobrepasa los 25 millones de personas, sin embargo, hoy en dia, la navidad  también se celebra  con propósitos comerciales. Cada día aumenta la cantidad de ciudadanos que se van al exterior en busca de mejores oportunidades de vida y generalmente regresan por esta época del año trayendo consigo costumbres y tradiciones de países Occidentales.

Antes de la llegada de los Europeos en Kerala (sur del país) ya existía una comunidad Sirio Cristiana bien establecida. Cuenta la tradición que Tomás el Apóstol llegó a la India en la primera mitad del siglo III después de Cristo. Tomás es más conocido como el gran evangelizador de la India. Luego, en la época colonial, los Portugueses construyeron iglesias y lograron establecer la Iglesia Católica Romana logrando que muchas personas, huyendo del discriminatorio sistema de castas, se convirtieran al Cristianismo. En 1663, los  Holandeses destruyeron esas iglesias y contruyeron sus propias iglesias. Finalmente los Británicos vencieron a los Holandeses y dichas Iglesias fueron para los Anglicanos. Hoy en dia muchas se han convertido en monumentos históricos.

En Kerala, durante la época navideña, los cristianos más ortodoxos se abstienen de comer carne y tomar alcohol por 24 días antes de la navidad. Los banquetes incluyen palappam (especie de tortilla elaborada con arroz y coco), además de guisos de carne, pollo, pescado y vegetales. Para el postre, el pastel de ciruela es muy popular, con nueces y frutas secas que a menudo se sirve con vino.

El estado de Goa es el paraíso de la navidad. Esta pequeña región costera, por mucho tiempo estuvo expuesta a la dominación Portuguesa y de allí proviene la gran influencia católica. También es uno de los destinos turísticos más populares de India y en la temporada navideña es normal que los hoteles, resorts y posadas estén atestados de turistas quienes vienen en busca de la exótica que les ofrecen los anuncios publicitarios que publican las empresas del sector.

Entre palmeras de playa  tropicales decoradas con luces y bambalinas, cada hogar cristiano de Goa enciende sus luces para celebrar la santa temporada. Las calles se iluminan y se pueden ver estrellas de papel colgantes, sin embargo, si comparamos con el Occidente, las decoraciones nos pueden parecer austeras.

Las iglesias organizan actividades en familia y reuniones para los parroquianos. Las familias se reúnen y llevan a cabo grandes banquetes. En ocasiones se realizan juegos para niños de diferentes edades donde Santa se reúne con los chicos. Se arman nacimientos en los hogares para colocar al niño Jesús el dia de navidad. Se estrenan prendas de vestir, se restauran las casas y se siente un ambiente alegre y festivo.

En algunas regiones del país se decora con hojas de mango. En otras parte se utilizan pequeñas lámparas de arcilla como decoración navideña que se colocan en los techos o paredes.

Los más devotos asisten a misa en las mañanas y el 24 de Diciembre a medianoche se celebra la popular “Missa de Galo” (misa de gallo en portugués), cantan villancicos e intercambian tarjetas y regalos.

Las pastelerias venden dulces navideños y entre los más populares se encuentran los kukuls y nankaties, ambos elaborados con sémola. También el burfi de coco y el famoso pastel navideño de Goa. Las figuras de mazapán, el queso de guayaba y el bebinca o pudding de Goa entre otros.

Se consiguen vendedores ambulantes ofreciendo los tradicionales gorros navideños fabricados en fieltro y otros materiales textiles.

Las misiones jesuítas reparten regalos  para los niños en las zonas menos privilegiadas logrando sonrisas de esperanza entre aquellos que poseen escasos recursos materiales.

En líneas generales, la navidad llega a la India todos los años y para darle el toque original del país encontramos Santas montado en elefantes con su parasol de majaraha o alumbrados hechos con las típicas diyas (lámparas de aceite) utilizadas en Diwali…

Ilustraciones:

Lorena Mena

Artículos relacionados:

De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús

About these ads

Read Full Post »

ací en el año 1969, en una Venezuela sin canales de cable, Cartoon Network o Discovery Kids. Las historias de mi niñez eran en su mayoría lecturas de los maravillosos cuentos infantiles de Hans Christian Andersen. Sin embargo, hay una historia en especial que trae a mi memoria recuerdos inolvidables de las navidades de antaño. La historia de Panchito Mandefuá, un niño de la calle que se va a cenar al cielo con el Niño Jesús. Escrita por el novelista Venezolano José Rafael Pocaterra (1889 – 1955), es una de esas historias que refleja la realidad de los países Latinoamericanos y deja en nuestros corazones un conmovedor mensaje …

Panchito era un niño alegre, feliz, una flor que creció sobre el asfalto. Corría alegre calle abajo, calle arriba con su fuerza y su energía de nueve años. Vestía con una chaqueta de bolsillos profundos que se encontró por ahí, y cargaba un bolsito pequeño donde metía sus más preciados objetos: trompos, cordeles, chapitas, un carrito de plástico; tonterías que cuando las ponía a jugar con su imaginación lo alejaban de las noches frías, los días de lluvia, de hambre y de la soledad de las calles de la gran capital, de la Caracas que nunca duerme.

Hasta cerca de medianoche estuvo dando vueltas por la ciudad, vendiendo sus boletos de lotería en las grandes avenidas, frente a las puertas de los hoteles más lujosos y de los cines de moda y en el bulevar de Sabana Grande, gritando todo el tiempo, chillón, desvergonzado y alegre:

- Aquí lo cargooo… ¡El boleto que nunca falla ni fallando, el boleto ganador, el archipetaquiremandefuá…!

El día fue bueno, pues logró vender todos los boletos, y ahora Panchito se comía feliz una arepa con lo que le tocaba de las ventas. Allí estaba, dándose el gusto, apartado de aquellos que no precisamente andaban pendientes de comer, sino más bien de meterse en los bares y ponerse incluso groseros y peleones. Pero él estaba tranquilo, mientras comía su arepa de carne mechada y le echaba una mirada al periódico del día. Porque sí, Panchito había ido alguna vez a la escuela y había aprendido a leer. Después, cuando su mamá lo sacó a la calle a pedir, él tuvo que dejar de estudiar. Eso sí, como pedir limosna no le gustaba, se dio a la tarea de buscar trabajo.

Panchito quiso vender periódicos, pero no le resultó. Los encargados le quitaron la venta porque le ponía la famosa frase “mandefuá” a las más graves noticias de la guerra, a los accidentes de tránsito y a las denuncias de corrupción política:

- Mira, hijito – le dijeron – mejor es que no saques el periódico. Tú eres muy “mandefuá”, y eso es demasiado para nosotros.

Porque así es. Panchito tenía apellido, y éste era Mandefuá, apellido original y hermoso que le gustaba más que el verdadero (que nunca usaba) porque era obra de él mismo. Llevaba aquel Mandefuá con tanto orgullo como cualquier príncipe llevaba su nombre, apellidos y títulos de nobleza! y así andaba diciéndole a todos que él era, nada más y nada menos que Panchito Mandefuá.

Pero Panchito era menos ambicioso que un príncipe, y se conformaba con su arepa y su trabajo de vendedor de boletos de lotería.

- Éste sí es el ganador, un boleto bien mandefuá! – decía.

Ah, pero también tenía sus gustos. Entre sus placeres más refinados estaba ir a la una de la tarde, siempre por la sombra de los edificios, a situarse perfectamente bajo la oreja de un señor gordo, lento y pacífico. Era uno de esos empleados de Ministerio que se sentaba en un banquito de la plaza después del almuerzo, a ver pasar el mundo con toda su paciencia.

- ¡Éste es el boleto ganador, un boleto bien mandefuá! – gritaba con todas sus ganas.

- ¡Muchacho, que siempre me gritas al oído!

Y Panchito, echando a correr, le volvía a gritar:

- ¡Éste es el boleto premiado, me lo debería comprar, maestro!

También le gustaba ir al cine, pero hacía tiempo que no lo dejaban entrar aunque tuviera la plata, porque ahí mismo le adivinaban que era un niño de la calle y le ponían mala cara. ¡Qué mala suerte la de Panchito Mandefuá! que, sin embargo, feliz de la vida, les gritaba al alejarse:

- ¡Pues tampoco quería verla! ¡Porque para que a mí me guste una película debe ser muy crema, muy archipetaquiremandefuá!

Panchito iba una tarde calle arriba pregonando un número premiado como si lo estuviese viendo por adelantado, y de pronto se detuvo ante una rueda niños. Venía distraído contemplando una vidriera donde se exhibían aeroplanos, barcos, una caja de soldados, un automóvil y una bicicleta… Y de paso estuvo un rato contemplando la vidriera de un café llamado La India, a través de la cual se exhibían pirámides de bombones, pastelitos y unos dulces brillantes como estrellas.

Pero volvamos al momento. En medio de aquella rueda de muchachos alborotados, vio a una muchachita sucia que lloraba mientras contemplaba regada en la acera una bandeja de dulces. Como moscas, cinco o seis granujas se habían lanzado sobre los ponqués y los fragmentos de quesillo llenos de polvo. La niña lloraba desesperada, pues temía un castigo.
Panchito estaba de buen humor: había vendido muchos boletos. Con ese dinero había podido comer, y hasta comprar dulces. Y con el dinero que le quedaba había planeado ir al circo, puesto que allí sí lo dejaban entrar, y hasta comería hallacas y pan de jamón. Con ese dinero iba a pasar una Nochebuena excelente!

Así que con su buen humor a cuestas, Panchito se acercó a la pobre muchacha, que lloraba, mientras los granujas seguían comiendo sus dulces y chupándose los dedos…

Llegó un agente de la policía y todos corrieron, menos ellos dos.

-¿Qué fue, qué pasó? ¿Cuál es el desorden?

La niña respondió toda desconsolada:

- Que yo llevada esta bandeja para la casa donde sirvo, que hay cena allá esta noche, y me tropecé y se me cayó y me pueden echar…

Algunos transeúntes detenidos se encogieron de hombros y continuaron.

- Bueno, bueno, sigan su camino, pues – les ordenó el policía.

Panchito se fue detrás de la llorosa.

- Oye, ¿Cómo te llamas tú?

La niña se detuvo a su vez, secándose el llanto.

-¿Yo?, Margarita.

-¿Y ese dulce era de tu mamá?

-Yo no tengo mamá.

-¿Y papá?

- Tampoco.

-¿Con quién vives tú?

-Vivía con una tía que me consiguió el trabajo en la casa en que estoy.

-¿Y trabajas? ¿Te pagan?

-¿Me pagan qué?

Panchito sonrió con ironía, con superioridad.

- Guá! tu trabajo. Al que trabaja se le paga, ¿no lo sabías?

Margarita entonces protestó vivamente:

- Me dan la comida, la ropa y una de las niñas me enseña, pero es muy brava.

-¿Qué te enseña?

- A leer… Yo sé leer,¿tú no sabes?

Y Panchito dijo orgulloso, aunque en el fondo aquello de leer no le parecía gran cosa:

- Uf, claro, sé leer de todo. Leo periódicos, revistas, los carteles que están pegados en las paredes y hasta libros. También sé vender billetes de lotería y gano para ir al circo y comer las arepas que me gustan.

- Está bien, pero yo no tengo dinero, y se me cayeron todos los dulces de la bandeja – dijo con tristeza la niña, bajando la cabecita enmarañada.

-¿Y cuánto botaste?

- ¡Uy, mucho dinero! – y le alargó un papelito sucio donde se veía lo que habían costado los dulces.
En el rostro de Panchito se dibujó una gran sonrisa, le quitó la bandeja a Margarita y dijo:

- ¡Espérate, no te muevas, ya vengo! – Y echó a correr.

Un cuarto de hora más tarde volvió:

- Mira: esto fue lo que se te cayó,¿no es así?

Los ojitos de la niña brillaron y una sonrisa le iluminó la carita sucia. Estaba feliz.
- ¡Sí… eso!

Fue a tomar la bandeja, pero él la detuvo:

- ¡No! Yo tengo más fuerza, yo te la llevo.

- Es que es lejos – dijo tímida.

- ¡No importa!

Panchito le contó que él tampoco tenía familia, que le encantaba ver películas de detectives y que podrían comerse un dulce juntos.

- Yo tengo dinero, ¿sabes? – Y sacudió el bolsillo de su chaqueta, donde sonaron las monedas.

Y los dos pequeños se echaron a andar.

Apenas si se dieron cuenta de que llegaban, de tan entretenidos que iban comiendo dulce.

- Aquí es. Dame – dijo la niña.

Panchito le entregó la bandeja. Se quedaron viéndose a los ojos:

-¿Como te pago yo? – preguntó Margarita con tristeza tímida.

Panchito se puso colorado y balbuceó:

- Si me das un beso.

- ¡No, no! ¡Es malo!

- ¿Por qué?…

- Guá! porque sí…!

Pero no era Panchito Mandefuá a quien se convencía con razones como ésta; y la sujetó por los hombros y le pegó un par de besos llenos de travesura y del dulce que compartían.

- ¡Mira que grito si me vuelves a besar! – dijo ella, roja como una rosa. De la emoción, por poco tira otra vez la dichosa bandeja llena de dulces.

- Ya está, pues, ya está! No te voy a volver a besar – dijo Panchito.

De repente se abrió la puerta de la casa donde vivía Margarita. Un rostro de solterona fea y vieja apareció.

- Muy bonito. El par de vagabundos éstos! – dijo enojada la doña. El chico echó a correr. A su espalda, la señora regañaba a la niña mientras la metía a la casa.

- Pero Dios mío, ¡qué criaturas éstas que no tienen edad y ya están pensando en darse besos!

Ahora le quedaba el dinero justo para el circo y para la cena. No le sobrarían más monedas para el día siguiente. Nada más le alcanzaría para la Nochebuena, y es que después de pagar los dulces de la niña se quedó sin nada… ¡Quién lo mandaba a estar ayudando a nadie!

Sin embargo, a pesar de la tristeza, de que no podría guardar para después, Panchito sentía una loca alegría interior. No olvidaba, en medio de su desastre financiero, los ojos mansos y tristes de Margarita. ¡Qué diablos! El día de gastar se gasta lo que hay que gastar, así de lo más archipetaquimandefuá.

A las nueve salió del circo. Iba pensando en el menú: hallacas, un juguito, un café con leche, tostadas de chicharrón, un pan de jamón. ¡Su famosa cena!

Cuando cruzaba en una esquina, se escuchó un cornetazo  (claxon) brusco, un golpe de viento fuerte, y Panchito Mandefuá ya no estaba en la esquina dando un salto vivaz o siquiera en pie…no, Panchito ya no caminaba, ya no estaba ni siquiera en este mundo…

- ¿Qué pasó? ¿Qué pasó allí? – preguntaron unos transeúntes.

- Que un auto atropelló a un muchacho de la calle…!

- ¿Quién?, ¿Cómo se llama?

- ¡No sé su nombre! – informó alguien -. Pero yo lo he visto, eso sí. Era un muchacho de esos que venden lotería.

En otra parte, lejos de allí, Panchito Mandefuá andaba con su chaqueta, ahora toda brillante, magnífica, como recién salida de la lavandería.

Se le veía feliz, sonriente.

¡Pero claro! Se había ido a cenar al cielo, invitado por el Niño Jesús.

Fuente Bibliográfica

Cuento “De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús” original de José Rafael Pocaterra. Adaptación de Fedosy Santaella

Ilustraciones

Lorena Mena

Artículos relacionados

El Ramayana en español

La China Poblana…una princesa hindú

Read Full Post »

a belleza de las relaciones interculturales radica en la fusión de dos culturas distintas que aportan un increíble abanico de tradiciones, costumbres y creencias que enriquecen  esa unión. Poco después de comenzar a escribir este blog, muchas personas de todas partes del mundo se comunicaban a través de la sección de comentarios. Al poco tiempo, surgió la necesidad de crear un foro para poder interactuar directamente y así nace el grupo de Facebook “Me Enamoré de un Hindú” el cual hoy en dia alcanza la cifra de casi 100 miembros. A diario se comparten historias, algunas con finales muy tristes y algunas con finales felices, sin embargo, todas tienen en común el componente intercultural como sinónimo de éxito o fracaso…

La protagonista de nuestra historia es Cris, una chica Española quién actualmente tiene 32 años y es Licenciada en Filologia Inglesa. Tuvo la oportunidad de conocer a su esposo en Escocia mientras ambos asistían a la Universidad.

“Más que motivada, nuestra relación fue algo que surgió por casualidad…nos conocimos cuando los dos acabábamos de llegar para estudiar en la misma Universidad y aunque no fue un flechazo instántaneo, hubo algo de él que siempre me atrajo. Muy educado, amable, responsable y otras cualidades que muchos de los chicos de mi generación no poseen. Salir de fiesta y las relaciones espóradicas parecen ser la norma hoy en día. Por el contrario, los indios estan hechos a la antigua usanza como se suele decir, y eso me transmitió una gran seguridad.

India es todavía una sociedad conservadora y clasista. Aunque el número de matrimonios con extranjeros está aumentando, aún no es algo que se considere normal. Hoy en dia los matrimonios concertados siguen siendo la opción más practicada. En la versión más moderna de un matrimonio concertado, los padres buscan una o un posible candidato para sus hijos, teniendo en cuenta factores como el que sean de la misma religión, casta, comunidad, que estén preparados académicamente, etc. Si por casualidad el matrimonio es por amor, solo le presentas  tu pareja a los padres cuando ya has decidido casarte, nunca das el paso tan importante de traer a tu novio o novia a casa sino es para algo muy serio.

Mi entonces novio tardó 5 años en hablar con su familia sobre nuestra relación por temor a la reacción y para mí era difícil aceptar su actitud en muchas ocasiones. Por una parte no se decidía a dar ese paso antes, porque estaba estudiando, por entonces y según la tradición, hay que establecerse primero antes de casarse y por otro lado, en todo ese tiempo no viajó a India y no quería tener una conversación tan importante por teléfono. Nunca dudé de sus intenciones y el porqué de sus decisiones y manera de actuar, lo entendí con el paso del tiempo.

La primera vez que vine a India fue de vacaciones, por lo que no noté mucho el choque cultural, fue más bien una experiencia excitante. La segunda vez que viajé era para quedarme a vivir y obviamente no es lo mismo visitar un lugar desde el punto de vista turístico que establecerse permanentemente.

India es extrema. Tuvimos una relación amor – odio desde el principio. Hay días que pienso que es el último lugar en la tierra en el que me gustaría estar. En otros momentos me hace sentir plena y no me puedo imaginar viviendo en otro sitio.

Lo que más me gusta de India es el monzón, la comida, las ropas y joyas, los mercados, el aroma a incienso y flores frescas, la cultura tan rica que tiene o las mil y una aventuras que vives!  Detesto el mal estado de las calles, la discriminación, la suciedad, la impuntualidad o el “todo vale”!.

En general nuestra familias reaccionaron de una manera positiva por ambas partes ante nuestra decisión de casarnos, aunque esto no sea lo común. La única incertidumbre de mi familia fue que, al ser India un pais lejano, no estaban familiarizados con la cultura, pero apenas conocieron a mi esposo, cualquier duda que tuviesen, desapareció. Los indios son muy respetuosos con la gente, especialmente los mayores, y eso a los padres siempre les gusta. Por parte de su familia tenían las mismas dudas sobre mi y además somos el primer matrimonio dentro de la familia con una extranjera, y en ocasiones algunos piensan que por ser de fuera, el matrimonio está condenado al divorcio a la larga.

Al principio algunos de los familiares de mi esposo, aunque no se opusieron, no les gustó la idea de la boda, pero mis suegros dejaron claro desde el principio que la decisión no le correspondia a nadie sino a la pareja. Ahí se acabo la discusión.

Mi boda fue sencilla en comparación a como suelen ser aquí, pero muy exótica desde mi punto de vista. Se llevó a cabo en India y por aquél entonces yo vivía fuera, por ende,  todo lo organizó la familia de mi marido.

Nos casamos por el rito Hindú Brahman y después en el juzgado. La ceremonia fue una mezcla de tradiciones del sur y el norte de la India. Mis suegros provienen del norte, específicamente de Lucknow, Uttar Pradesh, y aunque mis padres vinieron a acompañarme durante mi viaje, al no estar familiarizados con los rituales y ellos ser ya mayores en edad, se prefirió que un matrimonio muy amigo de la familia actuase durante la ceremonia en nombre mis padres.

Este matrimonio es nativo del sur del país, por eso se incorporaron ritos de su región en la ceremonia. También hubo quien actuó de hermano, tio o tia por ejemplo… a veces me sentía como en un teatro!.

Las celebraciones se dividieron a lo largo de cinco dias seguidos:

1-Compromiso. Donde los novios se prometen. Es un ritual en el que la pareja realiza una pooja (rezo) y se hacen ofrendas a los dioses.
2-Sangeet. Es parecido a una despedida de soltera a lo tradicional. Se reúnen todas las mujeres de la familia, amistades y se invita a un grupo de cantantes y músicos(todas mujeres también). Durante este día bailamos y cantamos mientras tomábamos aperitivos con té y refrescos. Para amenizar se utilizan los intrumentos musicales típicos indios como dholak (tambores) o sitar (instrumento de cuerda).
3-Sakhar Puda. Es un antíguo tratamiento de belleza en el que cubren la piel de la novia con una pasta hecha de cúrcuma (especia amarilla en polvo).
4-Mehendi. Donde se decoran las manos, brazos y pies con henna (pasta hecha con la planta de henna que deja la piel tintada al secarse). Es un proceso muy largo y elaborado. Como un juego, la chica que hace el diseño escribe el nombre del novio en una parte del brazo decorado, pero bien escondido, y si él lo encuentra, se supone que da suerte.
5-Boda religiosa. Primero se hace la ceremonia religiosa donde uno o varios sacerdotes (pandits) conducen la ceremonia en sánscrito. Dependiendo de cada comunidad, los ritos varían, pero uno de los momentos más importantes es cuando se dan los siete pasos (saptapadi) alrededor del fuego sagrado (agnique esta en medio del altar, después el novio pone el bermellón (sindoor) en medio de la raya del cabello y por último me coloca el colgante sagrado (mangalsutra). Más tarde se celebra la recepción, donde antes del banquete nupcial, recibes uno a uno a cada invitado para agradecerles su presencia y recibir bendiciones (y muchos regalos!). Es muy agotador para los novios este día, especialmente para la novia (en total me tuve que cambiar de traje y joyas cinco veces!).
6-Boda legal en el juzgado. Fuimos a firmar y registrar el matrimonio.

Sakhar – Puda

En cuanto a la adaptación de la vida en pareja, pienso que hay que hacer un esfuerzo extra por agradar, esto no significa hacer cosas en contra de tu voluntad, pero intentar dentro de lo posible seguir las costumbres al menos cuando compartes con la familia.

Por ejemplo, en el día a día yo me visto como más me gusta, que es a la manera occidental y como mucho, me pongo un salwar kameez, pero si estoy en casa de mis suegros de visita procuro llevar tambien los accesorios típicos de una mujer casada India como son el mangalsutra, bangels, bindi, sindoor,etc o comer comida vegetariana (yo no lo soy). Pienso que no cuesta nada, y si les alegra ver que me preocupo por estos pequeños detalles, pues, porque no hacerlo?.

Mi marido también se ha sabido adaptar a mis tradiciones y eso se agradece. Hay veces que las parejas tienen problemas por la rebeldía de unos y otros por imponer sus ideas a la fuerza.

Ante la duda, siempre es bueno preguntar a la pareja que se espera de nosotros para estar preparados. Mis suegros siempre han sido muy comprensivos y saben que no pueden esperar de mi ciertas cosas, no porque no quiera hacerlo, sino porque no sé o no puedo.

Sin embargo, pienso que los suegros esperan más de una mujer india que de una extranjera porque, en general, entienden que no sabemos sus costumbres al detalle. Cuando se produce un rechazo por parte de los padres del chico como le ha pasado a mujeres extranjeras casadas con Indios generalmente es por ignorancia y a la vez temor a lo desconocido. A los Indios les es difícil aceptar también el que su hijo se case con alguien que ellos no han elegido porque es una tarea que asumen automáticamente. Digamos que los padres indios tienen la primera y última palabra en todo los relacionado con sus hijos y estos deben obedecer. Así les han educado a ellos y así deben educar a sus descendientes. Por eso la rebeldía no es bien recibida.

Me siento afortunada de haber vivido rodeada de gente muy progresista y con amigos de diversas nacionalidades. Si algún conocido u otras personas que no son de mi círculo cercano han tenido algo en contra de mi matrimonio, nunca me lo han dicho personalmente ni han llegado a mis oídos comentarios negativos. Solo recuerdo una frase que me hizo un compatriota una vez donde me preguntaba si es que no habia suficientes hombres buenos en mi pais para tener que estar con un extranjero. No recuerdo que respondí porque no le di importancia. No siento que tengo que justificar mis decisiones.

Nosotros vivimos independiente de mis suegros por dos razones principalmente. La primera es que residimos en diferentes ciudades y la segunda es que ambos somos personas muy privadas, caseras e independientes por lo que sería muy dificil vivir en una casa compartida. Aunque mis suegros son muy modernos y no esperan que yo represente el papel de la bahu (nuera)perfecta, vivir con alguien más que no es tu pareja, siempre requiere adaptación y más aún viniendo de una cultura totalmente diferente, por ende,  supone un cambio muy dificil de digerir. Afortunadamente ellos tienen la misma visión de como un matrimonio debe llevar sus asuntos, por este motivo tampoco se nos planteó la posibilidad de mudarnos con ellos.

Para los que no sepan mucho de la cultura India, la costumbre cuando una pareja se casa es que la mujer vaya a vivir a casa de los suegros junto con el marido y demás cuñados, las esposas e hijos. Esto ya es de por sí mucha responsabilidad para cualquier chica, pero si eres extranjera y completamente ajena a estas tradiciones, la situación se puede tornar muy complicada. La nuera debe desempeñar un cierto papel dentro de la casa como por ejemplo, tiene la obligación de que las tareas del hogar se realizan, ya sea haciéndolas ella personalmente, o supervisando al servicio doméstico. Digamos que las suegras quieren que sus nueras ya vengan con todo aprendido cuando se casan y le pasan las responsabilidades que ellas han tenido hasta ahora, pero eso no significa que las nueras sean las dueñas y señoras, las suegras aún tienen la última palabra. India es una sociedad muy matriarcal en lo que a la casa se refiere.

Mi esposo y yo nos comunicamos en inglés usando palabras o expresiones en Español y Hindi de vez en cuando.

Pienso que un  matrimonio intercultural tienen muchos beneficios, especialmente si eres una persona que está abierta al multiculturalismo, como lo es unir lo mejor de dos civilizaciones. Estar en contacto con un nuevo idioma, una nueva cultura, nuevas personas, una nueva filosofia de vida o nuevas costumbres te enriquece como ser humano, te hace mas tolerante, más equilibrado, sin perjuicios ni prejuicios. Y, ademas, si te encanta viajar tanto como a mí, esto es una oportunidad magnífica para poder hacerlo!.

Aparte de los compromisos que requiere cualquier relación, un matrimonio intercultural además requiere de mucha paciencia para entender, para hablar, para adaptarse. Todo…nuestra educacion, principios, idioma, creencias o tradiciones son diferentes, por eso hay que aprender y a la vez enseñar al otro de donde venimos y como pensamos para comprendernos mutuamente.

Actualmente vivimos en la ciudad de Bangalore,con el poco tiempo libre que te dejan los trabajos en India, cuando estamos juntos nos gusta ir al cine, pasear, comer fuera, salir a tomar un cafe o una copa, jugar a videojuegos, ver nuestras series favoritas o sentarnos a hablar durante horas.

Una de las cosas positivas de estar con un extranjero, y mas aún si es con alguien de otra raza, es que esto aporta un aliciente de exotismo a la pareja. Evidentemente esta sensación se va perdiendo poco a poco y ese entusiasmo va dando paso a la rutina. Debo decir también que los Indios no son los hombres mas románticos del mundo! No expresan su amor de la misma manera que lo haríamos en øccidente, es decir, regalando flores, bombones y demás, pero siempre les gusta estar muy pendientes de su pareja y hacer que te sientas querida. En nuestro caso nos gusta organizar cenas íntimas o alguna escapada romantica.

Uno de los dilemas por el que toda pareja intercultural pasa en algun momento de su vida y no es fácil llegar a un acuerdo, es la crianza de los hijos. En nuestro caso los dos deseamos que conozcan y aprendan de la cultura Española e India a la vez. Personalmente yo no practico ninguna religión aunque fui bautizada según la fé católica y mi marido es Hindú, pero aunque creyente, no es practicante. Hemos hablado de ello y yo prefiero no criar mis hijos  como Católicos, sin embargo no me importa que conozcan la fé en la que me crié y celebremos festivales como Navidad en familia, porque más que parte de mi religión, es parte de donde vengo. En cuanto a que sean Hindúes pues van a serlo directamente ya que su padre lo es. No veo inconveniente en celebrar sus festivales o ciertos rituales siempre y cuando la balanza no se incline hacia un lado solamente. Cuando los padres son de diferentes mundos ambos deben tener la misma representación en la vida de los hijos porque al fin y al cabo ellos son el resultado de los dos.

A cualquier persona que desee comenzar una relación intercultural le recomiendo grandes dosis de entendimiento por ambas partes y también que tengan afan por aprender de la cultura de su pareja abordándolo con una mentalidad abierta. Es normal sentirse un poco perdido ante ciertas situaciones o comportamientos, por eso cualquier dilema que tengan, ya que van a surgir muchos, no duden en preguntar. Además también sugiero mucha cabeza, no tomar decisiones a la ligera, porque hay veces que cuando estás enamorado o ilusionado, todo se ve perfecto, pero se debe ir siempre con cautela y más cuando la pareja es de otra cultura. Al principio no te dás cuenta de las repercusiones que la decisión de estar con un extranjero tendrá en el futuro, simplemente vives el dia a dia aprendiendo de él, de su origen, de su país, de sus costumbres y es también un proceso muy bonito…”

Eres Española y tienes una relación amorosa o estás casada con un Hindú? Te identificas con la historia de Cris? Comparte tus experiencias en la sección de comentarios!

Si deseas leer otras historias similares, chequea los artículos relacionados.

Ilustraciones:

Lorena Mena

Artículos relacionados:

De Chilaquiles y Curries

La Profesora de Salsa Hindú

Me enamoré de un hindú

Me casé con un hindú

Read Full Post »

a historia está llena de personas audacez, valientes e irreverentes que han desafiado las tradiciones en todas las épocas…India no fue la excepción. Hay una artista en especial, pionera del arte moderno, que inevitablemente me recuerda la turbulenta vida de la famosa pintora Mexicana Frida Khalo, cuya biografía no me canso de leer.

Amrita Sher – Gil se convirtió en un ícono debido a su legendaria belleza, su talento precoz, su escandaloso comportamiento, su importante posición en el arte moderno y finalmente su  breve y convulsa vida  que terminó con su trágica muerte a la edad de 28 años.

Desde la época del Renacimiento, la influencia de estilos ha sido la piedra angular en la historia del arte mundial. El siglo 19 fue la era del dominio Occidental, sin embargo en India, el uso de las técnicas vanguardistas, como por ejemplo el cubismo, cuyo máximo exponente fue Picasso, etiquetaba a un pintor como “dependiente del poder colonizador Inglés”.

Para hacer las cosas aún más complicadas, si el producto final era muy parecido a la fuente original, se tildaba al pintor como esclavo de la mentalidad colonial y si por el contrario, la imitación era imperfecta, su representación artística era un fraude.

Pintura de Rabindranath Tagore

La consolidación del Imperio Británico en el siglo 19 trajo como consecuencia la introducción de escuelas de arte, exhibiciones y otras instituciones modernas producto de la Occidentalización. Así que la primera fase del vanguardismo o modernismo en India, ofreció a los artistas como Rabindranath Tagore y Jamini Roy, una nueva arma contra la resistencia anti -colonial. Esta etapa finalizó con la independencia del país en 1947.

Los modernistas idealizaron la India rural en sus obras, evolucionando del primitivismo artístico, como antítesis a los valores urbanos coloniales. Para las artistas Sunayani Devi y

Indian Bahurani de Jamini Roy

Amrita Sher – Gil, la India de las villas pasó a ser el recipiente de su propio predicamento como mujeres dentro de la lucha nacionalista. Estas nuevas corrientes que surgieron entre los años 1920 y 1930 estaban en contra de la pintura histórica o narrativa nacionalista que había predominado la escena artística la generación anterior. La guerra, el hambre, la rebelión de los campesinos y el descontento político radicalizó a los artistas quienes, más allá de reconocimiento público, buscaban participación activa en movimientos populistas mientras le juraban obediencia a la vanguardia formalista de París.

Esta expansión Occidental dió paso al nacimiento de una serie de cosmópolis “híbridos” alrededor del planeta: Calcutta, Bombay, Shanghai, Singapore, Sao Paulo, Ciudad de México, Hanoi, Cairo y Beirut entre las más conocidas.

En Calcutta, el estado de Bengala,  se inició en el siglo 19 un movimiento intelectual conocido como el Renacimiento Bengalí cuyas ideas provenían en su mayor parte a través de los medios impresos ya que pocas personas tenían contacto directo con Europeos.

Abanindranath Tagore (1871 – 1951) se considera el padre del arte moderno en la India, ya que fue el artista principal de la Escuela de Arte Bengalí e introdujo estilos novedosos en el arte Asiático en sintonía con el naciente nacionalismo Indio.  Otros artistas de la familia Tagore  como  Rabindranath Tagore (1861–1941) y Gaganendranath Tagore (1867–1938) también fueron destacados exponentes de la corriente vanguardista en India.

Sin embargo, el tema central de este artículo va dedicado a Amrita Sher-Gil  quién nació en 1913 y murió en 1941.

Amrita Sher – Gil (1913 – 1941)

Existieron dos Amritas…una era descarada, controversial en sus opiniones, creaba escándalos, hacía declaraciones atrevidas y disfrutaba la libertad de espíritu.

La otra era introvertida, melancólica, rodeada de conflictos personales sin resolver, traumada por infecciones sexuales y abortos, la Amrita que ansiaba la aprobación de su padre, la Amrita que permaneció virgen emocionalmente en medio de sus numerosas aventuras sexuales.

Existía también una Amrita Húngara y una Amrita India, la que no perteneció a ningún lugar, desesperadamente buscando su identidad India. Murió muy joven sin siquiera alcanzar a lograr la totalidad de su potencial artístico.

Si por modernismo entendemos arte radical no ilusionista, ella fue menos radical que Rabindranath Tagore o Jamini Roy, excepto en sus últimos trabajos. Su modernismo cabalgaba sobre el vértice de la representación y la abstracción. Paradójicamente, su mentalidad, era por lo menos medio siglo más avanzada para la época. Nosotros, los que vivimos hoy en dia en este mundo globalizado, donde la modernidad abarca la diáspora cultural y el intelecto como forastero, entenderíamos mejor las trágicas contradicciones de su existencia.

Dichas contradicciones hacen el estudio de su obra y su vida aún más complicado. Su  estilo propio como artista y cosmopólita, enriquecen su visión de la India “auténtica”.

Amrita con su padre

De padre Indio y madre Húngara, no tuvo la misma seguridad de su identidad India que Tagore y Roy daban por garantizados. No obstante, su auto invención artística  fue convincente.

El periodista inglés Malcolm Muggeridge, quién tuvo un breve affair con la artista, la describió como una “rosa de agua y un espíritu salvaje”.

Amrita transmitió a través de sus obras qué significaba ser mujer, artista, cosmopólita, y sobre todo, una India.

Su padre, Umrao Singh Sher-Gil Majithia, era un noble que practicaba la religión Sij, era filósofo, fotógrafo amateur y estudioso del sánscrito. Se casó en Budapest  con Marie Antoinette Gottesmann, una cantante de ópera de una culta familia Católica de origen Húngaro – Judio – Germano. Su primera hija, Amrita, nació en la ciudad el 30 de Enero de 1913. Permaneció en Budapest sus primeros ocho años y los siguientes ocho en India. Sus primeros bocetos reflejan su temperamento melancólico, un sentido de inseguridad intensificado por el turbulento matrimonio de sus padres.

La llevaron a Europa para enrrolarse en la Académie de la Grande Chaumière en París a la de edad de 16 años. Más tarde tomó clases con el pintor post – impresionista Lucien Simon en el  École des Beaux-Arts.

Carboncillo, 1930

Sus primeras obras en carboncillo de la figura humana muestran un don natural al reducir detalles a masas y volúmenes. A la edad de 19 años ganó el máximo premio en el Gran Salón, pasando a ser uno de sus miembros más jóvenes. Mientras tanto en París comenzaba a darse a conocer como la exótica “pequeña princesa India”.

Amrita pasaba sus veranos en Budapest en compañía de escritores y artistas nacionalistas. A finales de 1933, añoraba regresar a India, atraída por la desolada visión de una villa India durante el  invierno con sus tristes campesinos acurrucados…una visión diferente de los exóticos posters turísticos.

Sus profesores Franceses aprobaron su decisión sugiriendo que temperamentalmente Amrita se adaptaría mejor a India que al ambiente Occidental. Inmediatamente al llegar a India decidió dejar su huella de manera controversial en lo que ella consideraba un “ambiente artístico provincial” declarándo en la prensa que ella estaba tratando de introducir un nuevo elemento “viviente” en el arte Indio.

En 1935, la Simla Fine Arts Society le otorgó un premio a una de sus obras,  pero rechazaron algunos de sus trabajos. Indignada, tal vez justificadamente, de que sus trabajos fuesen rechazados, declinó recibir el premio escribiéndole a la Sociedad en tono ofendido diciéndoles que el premio debía ganarlo alguien más sintonizado con la “escondida convencionalidad” fomentada por la institución. “En el futuro me veré obligada a exhibir mis obras solamente en el Grand Salon de París, del cual casualmente soy actualmente un miembro, y en el Salon des Tuileries conocido en el mundo entero como la exhibición más representativa del Arte Moderno…donde al menos, puedo estar segura, de recibir alguna medida de imparcialidad”, agregó con visible resentimiento.

Tres mujeres, 1935

La Sociedad, la más venerable en la India colonial, llevó a cabo su venganza excluyendo su trabajo de un show que tuvo lugar años más tarde. En 1939 estaba convencida de la hostilidad del mundo del arte en India: la Sociedad de Arte de Bombay rechazó algunos de sus trabajos y la Fine Arts Exhibition llevada a cabo en Delhi, no hizo ninguna mención especial de sus obras. Por otro lado, carente de toda diplomacia, perdió una lucrativa venta de su trabajo en Hyderabad, luego de ridiculizar   el gusto del coleccionista de arte por la pintura Victoriana. A finales del año 1939, se sentía desmoralizada por lo que ella interpretaba como una indiferencia a su trabajo.

Amrita escribiría con pesar: “ Es gracioso que yo pueda aceptar un presente sin remordimientos de conciencia, sin embargo, no pueda ser capaz de juzgar que una pintura es mala o buena, incluso si es de mi interés hacerlo”. Su comportamiento refleja la romántica actitud de los artistas respecto a la “crítica filistea”, aún al costo de su propio sustento. Ciertamente, la sociedad estaba preparada para tolerar ese tipo de comportamiento de un hombre, por ende, su coraje es de admirar cuando afirma que “el artista está en su derecho de rechazar o aceptar las críticas del público sobre su obra. Cuando el público se equivoca al juzgar una pintura, el artista debe conseguir  de alguna manera la forma de mostrarle al público que está desinformado”.

Sleep, 1932

Sin embargo ella ansiaba reconocimiento. No hay que olvidar que a pesar de su pesimismo, su energía y originalidad habían comenzado a tener un impacto en India en años anteriores. De hecho, en el año 1937, la Bombay Art Society, le otorgó una medalla de oro a su pintura “Tres Mujeres”. Ella se sintió profundamente conmovida, ya que sentía que no tenía que comprometer su integridad artística para recibir este reconocimiento.

Sher – Gil tuvo su primera

Girl,1936

exhibición propia en el moderno Faletti’s Hotel en Lahore en November de 1937. Charli Fabri, un crítico de arte Húngaro, del Civil and Military Gazette en Lahore, expresó su admiración por el tipo de modernismo plasmado en su obra, el cual consideraba moderno, pero feo o incomprensible. Otro crítico, Rabindranath Deb, habló de “la fuerza masculina de su trabajo, lo cual muestra la inmensa cualidad intelectual de la artista…una extraña cualidad en una mujer”.

R. C. Tandon, un professor de la Allahabad University, organizó una exhibición en el campus en Febrero de 1937. Quedó prendado de su belleza y más aún, fascinado por su personalidad poco convencional, sin embargo, no estaba seguro sobre sus credenciales culturales para interpretar la India. Otros críticos sentían que la realística brutalidad de sus obras eran más típicas del arte moderno Francés que del arte Indio. A pesar de todo, grandes multitudes asistían a ver su obra, en su gran mayoría atraídos por las historias de su vida poco convencional y sus temas “inmorales”.

La respuesta del público a sus obras variaba desde el desconcierto y respeto reticente por su capacitación en París, al profundo aprecio de una minoría exigente.

En sus años más activos, de 1934 a 1941, Sher – Gil ejerció una carrera prolífica, donde cruzó espadas con el establecimiento del arte, conoció personalidades prominentes de la India, incluyendo a Jawaharlal Nehru y viajó a conocer los monumentos antíguos para así aprender sobre su legado.

En 1938 se casó en Hungría con su primo el doctor Victor Egan, regresando juntos a India para establecerse en una propiedad de su familia en Saraya.

Murió el 5 de Diciembre de 1941 a la edad de 28 años, cuando una breve enfermedad, tratada por su esposo, resultó ser fatal. Al momento de su muerte, era famosa en toda la India. Destacados líderes políticos como Gandhi y Nehru enviaron sus condolencias. Murió cuando se preparaba para su segunda exhibición propia en el  Punjab Literary League en Lahore, la cual se llevó a cabo póstumamente. El colofón de la historia de Amrita fue el posterior suicidio de su dolida madre Marie Antoinette, pocos años después de su muerte.

Autorretrato

Autorretrato

Amrita Sher – Gil fue la primera mujer artista profesional en India cuya vida y carrera fueron muy diferentes a las de otras mujeres en el siglo 20. Fue estereotipada en un mundo predominantemente masculino. Tal vez lo más sorprendente de Amrita es que nunca fue la “musa” de nadie, como generalmente era el papel de las mujeres en el arte para la época. Un espíritu libre que se entretenía a su antojo, dejando a su paso hombres obsesionados, encabezados por Saraka Ukil, a quién consideraba en privado su “alfombra personal”. Frida Kahlo es quizás lo más parecido a la tortuosa vida erótica que llevó Sher – Gil. Hija de un matrimonio intercultural, Frida fue una fuerte personalidad que proyectó una identidad Mexicana que se entrelazó con su propia auto imagen.

En la decada de 1920, las mujeres con estilos de vida poco convencionales, estaban dejando su huella en París, la metrópolis bohemia del mundo. La más famosa fue Colette, quien probablemente haya sido un modelo a seguir por Sher – Gil.

Amrita tuvo múltiples amantes en París, mostrando su voluptuoso cuerpo sin inhibición a través de autorretratos desnudos. El más notable es “Torso”, elaborado en 1931, un hábil estudio de masas y texturas.

Torso, 1931

Al igual que muchas personas dotadas de cualidades artísticas, Amrita tenía un voraz apetito sexual, lo cual era una salida a su abundante energía y una perspectiva “amoral” de la vida, una hedonista que creía en el poder curativo del placer.

Una vez confesó: “Siempre estoy enamorada, pero afortunadamente para mi y desafortunamente para la parte involucrada, me desenamoro y me enamoro de alguien más antes causar algún daño! Ustedes conocen el tipo de alcohólico que deja de tomar en la etapa alegre?” Esto era erotismo libre de compromiso o procreación. Amrita se casó con su primo porque necesitaba alguien que la cuidara. El sabía de sus aventuras, pero le prometió libertad después del matrimonio.

Sorprendentemente  Sher – Gil aceptaba la naturaleza subjetiva de la identidad de género, pero  rechazaba la idea del deseo sexual construído socialmente como exclusivamente masculino o femenino. Se sintió atraída por la hija del poeta Sarojini Naidu y tuvo un affair con Edith Lang, una famosa pianista Húngara. Con la Francesa Marie-Louise Chassany, tuvo una relación más complicada.

Cuando le explicaba a su madre los riesgos de las relaciones casuales con los hombres, Amrita afirmaba con candor: “Necesito alguien que comprenda físicamente mis necesidades sexuales ya que pienso que es imposible transformar sexualmente los deseos de uno en arte…sabía que sucedería algo con una mujer cuando llegara la oportunidad”. Sher – Gil logró exitosamente separar su vida emocional de su arte, algo generalmente admirado en los hombres.

El cuenta cuentos

Amrita tuvo una relación antagónica con el historicismo de la Escuela Bengalí de Arte. Constantemente mostraba completa condescendencia con los artistas hombres. Este comportamiento era una práctica común en París, donde se criticaba duramente el trabajo de los estudiantes para endurecerlos. Aunque Karl Khandalavala era su gran amigo y admirador, lamentaba su carencia de encanto al discutir sobre arte. Sher – Gil fue particularmente ambivalente en sus opiniones hacia los otros dos modernistas Indios más destacados de la época. Aunque apreciaba el arte de Rabindranath Tagore, en una ocasión estuvo en desacuerdo con Khandalavala al compararlo con Soutine, ella declaró: “siento un profundo desprecio hacia la insignificante poesía de Tagore…lo único que Tagore sabe hacer es pintar”. En 1937, dió buenas críticas sobre un retrato de Jamini Roy en Travancore Art Gallery. Sin embargo, más tarde le dijo a Khandalavala: “admito que Jamini Roy tiene cierto talento…pero siento que que haces una gran injusticia al comparar su trabajo con el de los pintores de los antíguos frescos de las cuevas de Ajanta…”

Sus críticas mas devastadoras las reservaba a la Escuela Bengalí ya que en su opinión eran los responsables del estancamiento del arte en India.

Amrita descubrió la India rural en su infancia, tan pronto como se estableció en India, su obra experimentó un gran cambio en sus temas, espíritu y expresión técnica. Luego, se dió cuenta que su misión en la vida era interpretar los Indios pobres de manera pictórica…en sus propias palabras: “para pintar esas imágenes silentes de sumisión infinita y paciencia, para describir sus morenos cuerpos angulares, extrañamente bellos en su fealdad; para reproducir sobre el lienzo la impresión que sus miradas causan en mi…”

En 1936, la periodista Ela Sen explicó que la ambición en la vida de Sher – Gil era presentar la miseria de la vida en India a una audiencia más grande y elevarla a un plano superior a través del color, la forma y el diseño.

Sher – Gil no se consideraba una artista primitivista y buscó un balance en su empatía por el sujeto con una técnica “formalista”. En 1936 sintió que había evolucionado a una técnica apropiada de líneas abstractas, colores y diseños para interpretar la pobreza rural, simplificando la forma a expensas del motivo del sujeto. Sus dos términos eran “emoción estética”, la cual interpretaba en vez de imitar la naturaleza y “forma significante”.

La visión  romántica de la India rural de Sher – Gil se desarrolló a partir de 4 diferentes tendencias en su composición: la versión Húngara del neo impresionismo, el “plano” estilo post impresionista de Gauguin, la poderosa influencia de las antíguas pinturas Budistas de las cuevas de Ajanta y el “colorismo” que dejó incompleto al morir.

Unos de sus trabajos más sorprendentes es “El hombre de blanco”, un retrato de un Indio muy moreno, cuya “fealdad” la fascinaba. El poder inusual de la obra yace en la simple estructura diagonal que le concede al sujeto una extraña monumentalidad.

Hombres de Montaña y mujeres de Montaña

Su segunda y más conocida obra donde destaca el estilo plano de Gauguin es “Hombres de montaña y mujeres de montaña” – virtualmente monocromo – con pocos colores primarios colocados contra un fondo simple. Sin embargo, el punto decisivo en su trabajo fue su visita a Ajanta, cuyas aústeras sombras le permitieron desarrollar su estilo “formalista”.

En su obra “Los vendedores de frutas”, agregó austeras sombras al igual que rojo ocre en sus fondos simples a fin de destacar las figuras y los objetos de colores brillantes. De Ajanta viajó al sur de la India, encontrando en los Tamiles de piel oscura su visión de la India rural como se aprecia en sus obras “El baño de la novia”, “Escena en el mercado” y “Los

Los Vendedores de Frutas

Brahmachari”. En este grupo de acólitos brahmines, de manera brillante combina la influencia de Ajanta con el sur de la India. Por otro lado, su experiencia India se nota en el estilo popular Húngaro de István Szönyi en “Escena en el mercado”, pintada en su visita a Hungría en 1938.

Sher – Gil celebra como pintora la melancolía de la India rural. No importa si India es melancólica o alegre – quizás es ambas – lo que importa es como ella la imaginó. Con su lenguaje abstracto crea un efecto de “distanciamiento” en su elegía de los campesinos. Absorbidos en sus actividades diarias las impasibles figuras dan la impresión de un estado de equilibrio e inmobilidad, el cual no se

Escena en el Mercado

interrumpe con la mirada del intruso, una condición de estasis lograda por el lenguaje formalista. El artista es un intruso que se paraliza en un mundo que experimenta a través de sus sensaciones.

Las imágenes de Sher – Gil transmiten también la fusión de sus identidades culturales, sus inseguridades regresando a su problemática infancia, una niña sensible en el medio de una unión infeliz. Fue una rebelde y siempre buscó la aprobación de su padre y lloró la pérdida de su amor. Ella estaba profundamente herida cuando su padre trató de desanimarla a establecerse en India, alegando que a ella no le interesaba India o su arte. Pero en realidad a él le preocupaba la reputación de la familia. Umrao Singh no dejó de amar a su hija, pero desaprobaba la vida que llevaba Amrita. En la ausencia de Amrita, destruyó todas sus cartas íntimas por temor a un escándalo. Al enterarse Amrita le escribió: “Debo admitir que fue un gran shock saber que todas mis cartas terminaron en el fuego…esas cartas…eran queridas para mí, me divertían, eran importantes desde el punto de vista artístico…las dejé allá no porque pensara que fuesen testigo de mi funesto pasado, sino porque mi equipaje era muy pesado…”

El baño de la Novia

Los Brahmachari

Amrita experimentó su primer trauma en París cuando su prometido la dejó embarazada e infectada. Después del aborto manifestó: “ me siento como una manzana, roja por fuera pero podrida por dentro..”

Las chicas jóvenes

Sus amantes más queridas fueron las mujeres. A la edad de 21 años pintó “Las chicas jóvenes” un estudio de relajada intimidad entre dos mujeres, una sentada con un pecho al descubierto, una obra maestra de objetividad. En 1930 pintó “Las dos chicas”, uno de sus trabajos más grandes. Una mujer blanca desnuda, con ojos azules, parada en una provocativa pose al lado de una mujer de piel oscura, tocándola ligeramente, quién cubre modestamente algunas partes de su cuerpo desnudo. Existe una pintura sorprendentemente similar pintada por Frida Kahlo en 1939, llamada “Las dos Fridas”, una Europea y la otra indígena, sus dos identidades.

Las dos chicas

La niña esposa

La modelo profesional

A la edad de 12 años, Amrita tuvo una premonición sobre el destino trágico de las mujeres Indias al casarse desde niñas. Años más tarde pintó “La niña esposa”, recordando el episodio de sus sueños. Su obra “La modelo profesional” es el análisis del envejecimiento de una modelo con senos caídos y ojos hundidos, un retrato de su miseria. Fue exhibida en el Salon du Cercle International Feminin en 1933. Al verla el crítico Parisino Denise Proutaux expresó asombrado: de donde esta joven aprende a ver la vida con ojos tan despiadados y sin ningunas ilusiones?

La periodista Bengalí Ela Sen mencionó que muchas personas en India encontraban sus temas espantosos, pero que su concepción de la belleza era distinta a la de las personas ordinarias.

Shringaar

La moledora de azafrán

En su penúltimo año de vida le comentó a Khandalavala que ya había superado su período sentimental como artista y que estaba desarrollando una irónica objetividad hacia los artistas Mogoles. Esta observación nos da una pista en su nuevo “colorismo” reflejado en su obra “La puja de Ganesh” en 1938, donde el elefante de arcilla roja brillante domina la escena. Copiando los motivos, las figuras y maneras de los Mogoles ayudó a eliminar su claroscuro. Su descubrimiento de los profundos colores cálidos – verde ácido, amarillo limón, rojo bermellón y azul cobalto – de las pinturas de Basohli, le permiten construir masas y planos simplemente con pigmentos. Gradualmente fue eliminando los contornos para concentrase en puros valores  de color y masas simples. En sus idilios rurales finales, lentamente reintrodujo la profundidad y el ambiente natural, abandonando su plano fondo neutro. Entre estos, “La moledora de azafrán” (1940) es un estudio singular de pigmentos brillantes puros que literalmente “saltan” del aburrido paisaje gris verdoso.

Según Archer, estos últimos trabajos fueron devotos a las emociones humanas y al compromiso social. Amrita, al igual que otros artistas primitivistas Indios, no eran realistas sociales sino visionarios de una India “auténtica” filtrada a través de sus experiencias particulares…

Qué te pareció este artículo? Conocías algún artista de la India?  Qué te parece la historia de Amrita? Comparte tus opiniones en la sección de comentarios!

Fuente Bibliográfica:

The triumph of modernism. India’s artists and the avant-garde, 1922–1947  por Partha Mitter

Ilustraciones:

Tomadas del internet.

Read Full Post »

ara los que no saben, chai significa té en hindi y es la bebida nacional  por excelencia de la  India. Se toma en tazas de la porcelana china más fina o en las ordinarias tazas de  acero inoxidable. Los Indios de todas las religiones bebemos chai con leche en la mañana, en la tarde y en la noche. Tomamos chai en la salud, en la enfermedad y en cualquier esquina…

Soy Lalita Pullaiah, nací en el año 1975, soy vendedora de chai y NO soy Hindú pero soy Dalit. Tampoco soy católica, musulmana, budista, sij o parsi. Crecí en una remota villa del Sur de la India donde el horizonte se confunde a lo lejos entre las azules tonalidades del mar.

Mis padres eran analfabetos, por ende, no sabían si pertenecían a alguna religión. Mucha gente da por sentado que al nacer en India, eso te hace automáticamente un Hindú, pero no funciona así…una persona pertenece a una religión sólo cuando adoran a un Dios determinado, cuando van a sus templos y participan en los festivales o rituales de esa religión. Tuve la oportunidad de cursar estudios superiores, a fuerza de mucho trabajo y sacrificio. Ser mujer y ser Dalit en India es sinónimo de muchos obtáculos en tu vida, pero  comprobé que con fuerza de voluntad y mucha dedicación se pueden alcanzar los sueños. Para mí la educación fue el camino más expedito para lograr las metas que me propuse desde joven. Sin más preámbulos, esta es mi historia…

La única identidad de mis padres era su casta…eran Kurumaas. Sus dioses y sus festivales eran locales y algunas veces únicamente se celebraban en nuestra villa. No se identificaban con ningún tipo de símbolo religioso, sin embargo esto no significaba que fuesen tribales. Nuestros ancestros llegaron a las planicies hace más de 500 años. Se integraron a las actividades económicas de la villa y pagaban sus impuestos al panchayat (asamblea de la villa). Al principio se dedicaban a la cría de ovejas, pero antes de yo nacer, comenzaron a dedicarse a la agricultura, pagándo una renta por el alquiler de la tierra al dueño de la zona.

Aún recuerdo en mi niñez que mis padres pagaban impuestos por ambas actividades, la cría de ovejas y el cultivo de la tierra, pero jamás pagaron un impuesto religioso…algo que constituye la norma en algunas regiones feudales de mi país. No tan sólo eso, nunca asistieron a un templo donde se reuniesen con los otros habitantes de la villa, ya que no existía tal templo. Eso no significaba que mi familia estuviese excluída del proceso religioso porque fuese una familia indigna de ello…para nada! Durante dos generaciones mis ancestros habían sido líderes de nuestra casta. Mi madre y su suegra (es decir, mi abuela) eran miembros de una familia respetada dentro de la casta Kurumaa. Otras familias destacadas eran los Gollaas, Goudaas, Kapuus, Shalass, Chakaalies, Mangalies y Maadigaas entre otras.

En la medida que fui creciendo y al comenzar a  interactuar con el mundo exterior me dí cuenta de las grandes diferencias culturales entre los Hindúes y nosotros. La única estructura social y el mundo que  yo conocía era la de mi casta. Mis compañeros, amigos y obviamente mis parientes pertenecían a la misma casta. Algunas veces nuestro círculo social se extendía a los chicos Goudaa o los Kaapu. Mis hermanos y los chicos que se dedicaban al pastoreo de ganado en el campo jugaban chirragone (nuestro cricket), gooleelu (un juego con canicas) y dongaata (el juego del escondido). Eramos amigos ya que también se dedicaban a la cría de ganado. Cada vez que un amigo Goudaa venía a nuestra casa comía con nosotros, pero siempre me intrigaba que se sentaba ligeramente aparte. Cuando nosotros íbamos a visitar algún amigo Kapuu sus padres nos daban de comer pero nos hacían sentarnos un poco alejados. Sin embargo, más tarde podíamos jugar todos juntos y tomábamos agua juntos en los arroyos, ríos y manantiales.

Algunas veces cuando llevábamos nuestra comida al campo, intentábamos tocar la comida de los otros, pero de repente aparecían en nuestras mentes las reglas de nuestros padres y volvíamos a comer separados. Pero al rato estábamos juntos de nuevo.

Como la agricultura era una actividad colectiva en la villa, las vacas, los toros y los búfalos eran propiedad común de muchas castas, así que el campo era la base de la economía de la villa. En la medida que fuimos creciendo nuestra vida social comenzó a dividirse en términos de relaciones de productividad. Los Kurumaa y los Gollaas se especializaban en actividades relacionadas con la ganadería y eramos entrenados en la cría de ovejas. Nuestros amigos Goudaa se dedicaban  a la destilación de toddy (bebida alcohólica) y al arado de tierras.

El modelo de crianza de las niñas era muy similar entre todas las familias. Las chicas mayores, al cumplir 3 años de edad, ya sabíamos como sostener entre brazos a un bebé de  tres meses de nacido. Si se quiere, esta era la tarea más importante para ayudar a nuestras madres, ya que al despuntar el alba, las mujeres salían a trabajar en los campos.  Mi madre me enseñó a pulverizar los chiles, quitarle la cáscara al arroz, asear la casa y lavar los trastos.

Desde temprana edad aprendíamos a separar las espinas que se pegaban a la lana y así prepararla para el hilado. Todas estas actividades requerían gran destreza! A la edad de 12 años, al llegar a la pubertad, una chica Kurumaa debía saber las nociones básicas del arte de cocinar. Comenzábamos encendiendo el fogón y aprendiendo a manejarlo. El fogón Kurumaa está compuesto de 3 piedras con una extensión a un lado. Sobre esta extensión descansa una olla, conocida como vothu, donde se mantienen agua hirviendo. Se requiere una gran habilidad para hacer que el vothu no se agriete mientres se cocina en el fogón principal. También aprendemos a preparar el kuraadu, el cuál es parte fundamental de la cocina Kurumaa. El kuraadu consiste del ganji (almidón) extraído del arroz cocinado y luego se deja fermentar ligeramente hasta tener un olor levemente agrio. Posteriormente el kuraadu se usa como líquido en la preparación de arroz y otras recetas. El kuraadu se considera bueno para la salud, y además espanta los malos espíritus de la comida.

La única actividad que nosotras no aprendíamos, a diferencia de las chicas de la ciudad era a lavar nuestra ropa. Esto se debía a que este trabajo correspondía a las mujeres que lavaban ropa, especialmente las que pertenecían la casta Chakaali, quienes aprendían desde temprana edad a lavar todo tipo de ropa.

El comportamiento sexual se enseñaba como parte de la vida familiar. Las chicas escuchan las conversaciones de los grupos de mujeres mayores  cuando describen una mujer como “disciplinada” o indisciplinada”, sus estilos de vida sexuales y sus relaciones con sus esposos y otros. Un padre no vacila para hablar frente a sus hijos sobre  su enfoque de la vida y sus relaciones con otras mujeres. Más importante aún es el enfoque de la madre hacia sus hijos. Ella lleva a sus hijos al campo y les asigna pequeñas tareas, mientras caminan, la madre comparte sus problemas con los hijos, especialmente con sus hijas.

Si una mujer Dalit tiene una relación con un hombre que no es su esposo, la relación no se mantiene en secreto…todos opinan! Incluso los niños de la familia lo saben. Cuando la madre y el padre discuten, todo el mundo se entera de cada aspecto de la discusión. Ninguna pelea se esconde. Para nosotros nuestro hogar era un sitio de placer y a la vez de dolor, pero no había secretos…

Mis hermanos aprendieron sobre las mujeres y el sexo en compañia de otros amigos, en los campos. Allí se llevaban a cabo todo tipo de pruebas sexuales. Lo “bueno” y lo “malo” de la vida se aprendía desde temprano…sin embargo, quiero resaltar que que la moralidad o la inmoralidad no estaba basada en un “orden divino”.

El lenguaje de nuestra casta tiene una gramática propia estructurada y fué diseñado para una comunicación basada en la producción.  Aunque se desarrolló sin la ayuda de la escritura, no es menos sofisticado que el tegulu (lenguaje de la India ampliamente utilizado en el sur del país). Desde niños cada árbol, cada insecto y cada ser viviente o no viviente lleva un nombre, sin embargo, muchas de estas cosas no tienen un nombre específico en el idioma tegulu. Estos nombres no se enseñan a través de la palabra escrita sino a través de la repetición oral.

Cada casta realiza una actividad productiva diferente, por ende, su lenguaje se estructura alrededor de ese proceso productivo. Por ejemplo, los Kurumaas  saben sobre ovejas, cabras, árboles, plantas, así como los nombres de los instrumentos utilizados en la producción y blaqueamiento de la lana. Un Goudaa sabe los nombres relacionados con los utensilios, destrezas y habilidades para la destilación de toddy (bebida alcohólica).

La especialización que se adquiere al comunicar nuestras tareas ocupacionales es más sofisticada que la que poseen los Brahmines (casta superior en la religión hindú) cuando pronuncian los nombres de sus dioses al recitar sus mantras.

Lo más irónico de todo esto es que en India, el hecho de recitar  varios nombres de un Dios o muchos dioses se interpreta como “sabiduría”…mientras que saber el lenguaje de las actividades y los instrumentos productivos, que sostienen la economía del país, no se reconoce como conocimiento.

Los Brahmines han definido el conocimiento a su propia imagen y semejanza, pero los hechos reales demuestran que cada casta ha construído su consciencia propia, la cual no tiene nada que ver con una religión organizada.

Muchas cosas nos separan de los Hindúes, en especial la naturaleza del conocimiento del otro mundo, lo divino y lo espiritual. Desde niños, Jeja (el concepto de Dios) se nos presenta en forma de la Luna. En la medida que crecemos nos familiarizamos con Pochamma, Polimeramma, Kattamaisamma, Kaatamaraju, Potaraju y otras deidades.

Entres los Dalits no existe el concepto de templo en forma o lugar definido. Los Dioses y las Diosas viven en todas partes, vienen en diferentes formas y se encuentran en diferentes lugares. Desde pequeños somos parte de las congregaciones de nuestra casta que se llevan a cabo durante los festivales de Bonaali, Chinna Panduga, Pedda Panduga, etc.

Cada niño Dalit aprende desde temprano que la viruela nos visita porque Pochamma está enfadado. Las lluvias se retrasan cuando Polimeramma se molesta. El tanque de agua de la villa se llena o no, dependiendo de las simpatías de Kattamaisamma. Los ladrones roban las cosechas si Potaraju está furioso. Para los Kurumaas el hecho de que las ovejas y las cabras prosperen depende de Beerappa…

Para nosotros el espíritu existe, el alma existe y los muertos regresan a nuestros alrededores en forma de fantasmas si no se alimentaban bien cuando estaban vivos. Pero no hay un swarga (cielo) ni tampoco un naraka (infierno). Todos los muertos viven juntos en algún rincón de los cielos. Todo este conocimiento aún no se ha convertido en una religión organizada. El espíritu del Dalit es en esencia un espíritu No Hindú ya que el concepto patriarcal de sus Dioses no existe entre nosotros.

No sabía nada de Brahma o Vishnú hasta mi primer día de escuela. Cuando escuché estos nombres por primera vez eran tan extraños para mí como Cristo, Alá o Jehová.

El lenguaje de los niños hindúes, fuesen brahmines, kshatriya o baniyas, al igual que sus relaciones a nivel social, eran completamente nuevas para mi.

Más tarde aprendí y me dí cuenta que un niño brahmin no se le enseña ir al campo o cuidar del ganado, pero se supone que debe asistir a la escuela desde temprana edad. Muchos amigos brahmines me han contado que en las familias más tradicionales un padre nunca toca a sus hijos. La crianza de los hijos es un deber completamente de la esposa. Bañar a un niño es una actividad “impura” por ende sólo puede hacerla una mujer.  Luego, mientras la mujer se ocupa del niño, el llamado padre de “casta superior” la ayuda en la cocina? No. La cocina también es un lugar sucio en el cual no puede entrar. Así que la noción brahmínica de “pureza y contaminación” también opera dentro del hogar.

Los niños Hindúes, a diferencia de nosotros, aprenden desde pequeños palabras como Vedas, Ramayana, Mahabharatha, Purana, etc. Desde temprano se familiarizan con nombres como Brahma, Vishnu, Rama, Krishna, Lakshmi, Sita, etc. Escuchan increíbles historias donde se destaca el heroísmo de estos Dioses (la mayoría son asesinatos) y la femenidad de sus Diosas. Vishnu por ejemplo, se muestra recostado sobre una serpiente con Lakshmi a sus pies prensándolos.

Si una familia brahmin menciona a Pochamma, Maisamma o Ellamma, no lo hace con el mismo respeto que lo haría al mencionar sus dioses, ya que para ellos ellos Pochamma o Maisamma son dioses Sudra, es decir, son poderosos pero de manera negativa…

De acuerdo a ellos, Pochamma no merece el respeto de las Diosas Lakshmi o Saraswathi, ya que ambas se consideran las esposas ideales de sus respectivos esposos, mientras que nadie sabe quién es el esposo de Pochamma al igual que el esposo de Maisamma.

Ningún Brahmin o Baniya llama a su hijo Pochamma, Maisamma o Ellamma, no obstante en nuestras familias estos nombres son reverenciados por sus propios méritos.

Para un Dalit no es sorprendente que las Diosas no tengan esposos, por ende,no se considera derogativo. Es por eso que muchas viudas en nuestras villas son respetadas, ya que su talla depende de sus habilidades laborales y su acercamiento y actitud hacia los seres humanos.

No tenemos sacerdotes, ya que no necesitamos un intermediario para comunicarnos con nuestros dioses. Nuestro dioses entienden nuestro sencillo lenguaje y no necesitamos hablarles en sánscrito.

Las familias Hindúes son jerárquicas. Las chicas deben obedecer a los chicos. Los chicos deben obedecer a los mayores. El sexo y la edad son factores determinantes del estatus dentro de la familia. Los chicos son entrenados para no involucrarse en actividades relacionadas con la producción, ya que los Brahmines las condenan como “actividades sudras”. De la misma manera, los padres Hindúes censuran la amistad de sus hijos con chicos Dalits. Las llamadas “castas superiores” etiquetan a los Dalits con términos peyorativos como “feos”, “sudras” o “chandalas”. El odio entre semejantes es parte de su formación y sus conocimientos.

La discusión del comportamiento sexual es un tabú en las familias Hindúes. Se supone que las madres no deben hablarle a sus hijas sobre sus experiencias sexuales. Las atrocidades que cometen los padres contra sus esposas no se mencionan en las familias Brahmines o Baniyas. No sucede lo mismo en nuestras familias. Si el padre abusa de la madre frente a los hijos, la madre le pagará con la misma moneda. Los niños somos testigos presenciales. En las familias Hindúes el padre puede abusar de la madre pero se supone que la esposa no puede replicar. Una esposa Hindú debe soportar estoicamente todas las atrocidades que el hombre comete contra ella, ya que mientras más soporte, es más apreciada ante la sociedad…

Además de esto, en las “castas superiores” brahmínicas, las chicas deben seguir una serie de rituales al cocinar. Cada una es enseñada de acuerdo a los gustos de los miembros varones. Deben preparar una docena de curries como parte del “Brahmin Bhojanam”. Se supone que cada chica debe saber que cada “buena comida” de un hombre Brahmin es equivalente a una buena comida del Dios.

No puedo continuar sin  hablarles de los Maadigaas, a quienes la escuela Hindutva los considera como “parte de su religión”. En mi villa habían aproximadamente 40 familias Maadigaas quienes vivían adyacentes a las familias Goudaas. En su relación, estas dos castas no se tocaban unos con otros. Les llamaban “intocables”  ya que  realizaban una de las tareas más “impuras” de acuerdo a las creencias hinduístas, como era por ejemplo,  desollar animales muertos para procesar el cuero.

En mi infancia, no recuerdo haber tenido ningún amigo Maadigaa. Los chicos Maadigaas eran lo que llamábamos “jeetaas” que significa sirvientes en las granjas. Sus familias y sus relaciones culturales  eran muy similares a las nuestras, sin embargo, lo que nos diferenciaba era que desdes niños eran enseñados a ser temerosamente obedientes, dirigiéndose a los jóvenes y mayores de las llamadas “castas superiores” como “”ayya baanchan”. Además de ser jeetaas desde la tierna edad de cinco años, también debían cuidar el ganado y atender las cosechas. Su infancia era más dura que la nuestra pero en ciertas áreas eran más habilidosos e inteligentes. Sabían como despellejar el ganado muerto y convertir esa piel en cuero suave para utilizarlo  en zapatos e instrumentos para las labores diarias. Sus habilidades para tocar el dappu, un instrumento musical de percusión, eran superiores a las nuestras. Los chicos y las chicas Maadigaas aprendían desde su infancia, para sobrevivir, a ser humildes ante los dueños, los Brahmines y los Koomatis.

Lo mismo aplicaba para los Chakaalis y Mangalis. En el hogar todos se trataban como iguales, comían, bebían y hasta fumaban juntos, sin embargo, eran enseñados que debían “estremecerse y temblar” ante la presencia de los señores de las “castas superiores”. Esto no significaba que los Maadigaa, Chakaali y Mangali tuviesen respeto o amor verdadero por los señores, los Brahmines o Baniyas, todo se debía al temor de perder sus trabajos.

- Hijo, sé cuidadoso con el bastardo! pretende ser muy obediente, de lo contrario ese pillo nos golpeará en nuestros estómagos! – y el niño pretendía ser tan obediente al igual que Gandhi pretendía ser pobre.

Lamentablemente cuando se comienza a pretender desde temprana edad, ese comportamiento se internaliza y pasa a ser parte de una persona durante toda su vida…

Todas las familias Dalit que les enseñan a sus hijos la igualdad dentro del hogar, también les enseñan que la vida en la sociedad es jerárquica, por la simple razón que de lo contrario, podrían suceder grandes atrocidades.

Excepto por el hecho de que los Maadigaas eran “intocables” y su difícil situación económica, los Maadigaas eran exactamente iguales a los Kurumaas, los Goudaas y todos los demás.

En cuanto la primera generación de Dalits vieron un pizarrón y un lápiz, inmediatamente todos saltamos derecho a la jungla escolar!

Incluso en ese mundo las diferencias entre los Hindúes y nosotros eran notorias! Ellos iban mejor vestidos y mejor alimentados. Aunque habíamos nacido en la misma villa, nuestros hábitos alimenticios eran tan diferentes! para nosotros una “buena” comida significaba carne y pescado. La disfrutábamos y la saboreábamos. Para los niños y niñas Bramihnes o Baniyas, el sólo hecho de mencionar estas comidas  les daban naúseas.  Sin  embargo, aunque los Maadigaas y los Musulmanes se deleitaban con la carne de res, para nosotros estaba prohibida, pero nunca llegábamos al punto de “odiarla” como era el caso de los Hindúes.

La actitud de nuestros maestros dependía de su propia casta. Si era un Brahmin…nos odiaba y nos decía en nuestras caras que sólo porque estábamos en la era de “kaliyuga” (la era del demonio según las creencias Hindúes) se veía forzado a enseñar “sudras” como nosotros. Según su perspectiva éramos unos buenos para nada! Ese “sabio” maestro pensaba que trabajar en el campo era impuro y antiestético. Según él sólo los desquiciados trabajaban en los asquerosos y fangosos campos. Para nosotros el barro era el origen de nuestra comida  e ideas laborales.

Para los maestros, los grandes eran los Brahmines, los Baniyas y por supuesto los dueños de las tierras. Debido a que no hacían el trabajo sucio de las granjas, sus caras siempre estaban impecablemente lavadas, sus ropas eran más limpias y su cabello iba cuidadosamente peinado. Ellos asistían a la escuela en sandalias, mientras que los que alimentabámos el ganado y los que hacían las sandalias, ibamos descalzos. Estas eran las razones para considerarnos ignorantes, sucios e impuros.

En la medida que avanzábamos a los grados superiores, los libros venían repletos de historias hindúes con las cuales no estábamos familiarizados. Los nombres de los Dioses eran tan extraños para mí como el nombre de Shakespeare! la única diferencia era que los nombres de los dioses aparecían en los textos en Tegulu y el de Shakespeare aparecía en los textos en inglés.

El lenguaje de los libros era diferente al que aprendimos en casa, ya que era Tegulu Brahmin, ambos eran completamente diferentes!

Hasta la fecha no he conseguido un libro escrito en nuestro lenguaje. Jamás he recibido una lección sobre Pochamma, Potaraju, Kattamaisamma o Beerappa. Esto no se debía a que no existiese narrativas sobre ellos! al parecer la razón es que ningún escritor – al parecer la mayoría de los escritores eran Brahmines – pensó que estas historias son dignas de publicarse en un libro de texto. Desde sus puntos de vista, nuestros Dioses no vale la pena mencionarlos.

Ningún poeta Tegulu de renombre pensó que la poesía también nace de las creencias de la gente, de lo que hablan y discuten en su vida cotidiana. Incluso poetas y escritores nacidos en familias Hindúes y que más adelante en sus vidas se han convertido en Comunistas, Ateos o Racionalistas, jamás han plasmado nuestra vida diaria en sus obras. Nadie pensó que nosotros también teníamos alma. No escribieron sobre nosotros ni para bien o para mal. Olvidaron que nuestras comunidades no son un número pequeño sino que están compuestas de millones de seres que  sobrepasan a las “castas superiores” hindúes.

La formación en la infancia es muy importante para cualquier persona – hombre o mujer – para convertirse en un ser humano completo. Nuestra infancia fue mutilada por el abuso constante y un silencio cómplice y contundente.

Cuando nos enteramos que algunos chicos y chicas Hindúes se casaban cuando eran niños, encontramos estas prácticas familiares, ya que el matrimonio infantil es parte de nuestras vidas. Pero cuando leímos en los libros que las chicas que enviudaban debían permanecer viudas, rapar sus cabezas y vestir de blanco, nos pareció extraño.

En nuestras familias, las chicas cuyos suegros no las trataban bien, se divorciaban fácilmente y a los pocos días se les encontraba un segundo esposo. Los matrimonios se celebraban con mucha bebida y comida, al igual que los divorcios! Cuando leí que las mujeres Hindúes debían morir con sus maridos me alegré de no ser Hindú, no me imaginaba si mi padre moría…quedarme sin madre también! Si ella deseaba podía conseguirme un padrastro.

Los libros de historia escribían sobre el sati (antígua costumbre Hindú donde las esposas se quemaban vivas en la pira funeraria del esposo), sin embargo, no había una sola lección sobre las mujeres que sobrevivían la muerte de sus maridos y seguían trabajando, criaban a sus hijos y se casaban de nuevo. No había una sola lección sobre lo difícil que era como mujer obtener un divorcio. Todas las historias y lecciones  hablaban de “hombres y mujeres ideales”. En los textos Hindúes, un hombre “sabio” era el que conocía los Vedas (libros sagrados). Una persona con “coraje” era el que mataba al enemigo, aún si su enemigo era su amigo o un pariente. Por el contrario, para nosotros una persona sabia era el aquel que conocía el oficio de criar ganado, cultivar los campos, diagnosticar las enfermedades de animales y seres humanos. Una persona con coraje era aquel que luchaba contra  los tigres, leones, serpientes y toros. El que se internaba en bosques profundos, nadaba en caudalosos ríos y encontraba las ovejas y cabras perdidas…

A pesar de esta gran discriminación en contra de nuestra raza, mi testarudez  y mi gran deseo de superación me abrieron camino en la vida y llegué a la Universidad. Tuve que superar con frecuencia muchos obtáculos por el hecho de ser mujer y a la vez Dalit, sin embargo, ese sacrificio al final dió sus frutos. Me gradué en Finanzas y salí al extranjero a especializarme. Cuando regresé comencé mi propio negocio. Me fuí a la gran metrópoli y luego de luchar contra el sistema para obtener créditos bancarios, finalmente abrí un expendio de Chai, al mejor estilo de un café italiano. Con trabajo, dedicación y mucho empeño el segundo año pude recuperar la inversión y abrí otra sucursal. Al cabo de unos años mi negocio se  convirtió en una  exitosa franquicia. Gran parte de mis ganancias van dirigidas a la ayuda de los necesitados. Hoy en día soy activista y luchadora a favor de los derechos de las comunidades dalits en el subcontinente…

Cuál es tu impresión de esta historia? Sabías que en muchas regiones de la India los Dalits se consideran ciudadanos de segunda clase? Has presenciado  la discriminación frente a un Dalit? Comparte tu experiencia….

Fuente Bibliográfica:

Historia de ficción inspirada en el libro “Why I am not a Hindu” por Kancha Illaiah

Ilustraciones:

Lorena Mena

Artículos relacionados:

Fanatismo, Gurus y demás religiones

Read Full Post »

Older Posts »

%d bloggers like this: